Marisol Donis, farmacéutica y criminóloga rescata, en su libro "Mujeres grises sobre fondo negro", la historia silenciada de mujeres encerradas por no obedecer.
Con ella hablamos en "Gente de Andalucía".
La criminóloga y farmacéutica Marisol Donis rescata en 'Mujeres grises sobre fondo negro' una de las páginas más oscuras de la historia reciente: el internamiento forzoso de miles de mujeres en psiquiátricos por no encajar en el modelo femenino impuesto por la sociedad. “El 90% de las mujeres ingresadas en psiquiátricos a principios del siglo pasado no tenían ninguna patología. Simplemente estorbaban”, resumió durante una entrevista radiofónica.
La autora, con la que hablamos en "Gente de Andalucía" comenzó a investigar tras visitar una exposición sobre el manicomio de Conxo, en Santiago de Compostela. Allí encontró expedientes clínicos de mujeres ingresadas “sin estar locas”, con diagnósticos tan arbitrarios como “indisciplina”, “rebeldía” o “imbécil de mente”. “Me quedé en shock”, confesó. Aquellos documentos revelaban cómo padres, maridos o hermanos podían ordenar un internamiento con la simple firma de un médico.
Donis explica que el fenómeno atravesaba todas las clases sociales. Desde campesinas hasta intelectuales, artistas o jóvenes de familias acomodadas fueron recluidas por leer demasiado, cuestionar normas, fumar, interesarse por conversaciones “picantes” o reclamar libertad. “Se había normalizado tanto que un padre ingresara a su hija porque la quería quitar del medio, que nadie lo cuestionaba”, señaló.
La investigación también documenta la violencia ejercida dentro de los psiquiátricos. Según la autora, los tratamientos no buscaban curar, sino “tenerlas calladitas”. Las pacientes eran sometidas a duchas heladas, sedación con bromuros y más tarde con barbitúricos, además de prácticas que hoy resultarían inconcebibles. “Era como un aparcamiento de mujeres”, denunció.
El libro recupera además historias de figuras conocidas como Charlotte Perkins Gilman, Leonora Carrington o Ángeles Santos, junto a decenas de mujeres anónimas cuyas memorias, diarios y poemas sobrevivieron al encierro. Muchas acabaron suicidándose; otras lograron huir, escribir y denunciar lo vivido años después.
Donis subraya que el control sobre las mujeres se intensificó con el auge de los movimientos sufragistas. “¿Querían libertad? Pues había que encerrarlas”, afirmó. Algunas de aquellas mujeres escaparon incluso a América, aunque en muchos casos terminaron internadas de nuevo.
La autora define su obra como un ejercicio de memoria y reparación histórica. “Les prohibían leer, escribir y pensar por sí mismas. Ahora sus voces vuelven a escucharse”, concluyó.