29 personas murieron calcinadas al incendiarse el vehículo contra el que chocó un conductor ebrio.
Un grupo de testigos de Jehová volvían de pasar el día en Sierra Nevada.
Se han cumplido 30 años del peor accidente de autobús de España. Ocurrió en Bailén y 29 personas fallecieron calcinadas en el interior de aquel autobús a apenas unos kilómetros antes de llegar a esta localidad. Una tragedia que tuvo sus consecuencias en la mejora de las condiciones de seguridad del transporte de viajeros en España.
Eran testigos de Jehová que volvían de Granada cuando, de madrugada, un coche se empotró de frente contra ellos. Superaba con mucho la tasa de alcoholemia permitida: 3,25 gramos de alcohol por litro de sangre, cuando el máximo entonces era de 0,8%. Tal fue la brutalidad del choque que se incendió una parte del motor y las llamas se propagaron por la tubería de los conductos del aire acondicionado.
Los agentes de tráfico Francisco y Pablo Molina fueron la primera pareja en llegar en auxilio. La mayor parte de los 29 fallecidos estaban amontonados en la parte trasera del autobús. No pudieron salir por la puerta de atrás ni tenían martillos para romper las ventanas.
El accidente de Bailén supuso un antes y un después en la seguridad de los autobuses. Al año siguiente del accidente se cambió la posición del motor, se prohibió el uso de materiales inflamables en los asientos así como se activó un sistema de apertura de puertas desde el exterior.