Javier Pérez Campos cuenta en La Mañana de Andalucía de Jesús Vigorra los misterios que esconde Andalucía. Hoy nos acerca La Casa del Farol, en Fuente la Lancha, Córdoba. En la Guerra Civil, los enamorados visitaban la fachada de una casa en la que había una hornacina, con una estampita de San Antonio. Los ancianos decían que si se les rezaba y se le hacía la promesa de mantener su candil encendido, este intercedía ante las parejas para que su relación fuera hacia buen puerto. En 1939, durante las tensiones por los saqueos y quemas de Iglesias, una vecina, AURORA, decide coger la estampita y esconderla en su casa. Desde ese día, empezó a escuchar que una voz rotunda le hablaba. Al principio solo era una voz, pero después el santo empezó a aparecerse, con su túnica y su capucha. Un anciano con barba blanca y rostro pálido. Así que un día decidió devolver la imagen a la hornacina y el monje dejó de aparecerse.