Perversos de la mili, por Antonio García Barbeito

Yo le temía a la mili como a cualquier disciplina. Uniforme y obediencia y a pasarse todo el día a las órdenes del cabo, del sargento, y más arriba, ni cuento cuando una estrella delante se te ponía, que te entraban unos nervios, y unas dudas, y en las tripas un total encogimiento y un miedo que era de usía. El Ejército del Aire, en la Primera Escuadrilla, allí me fui voluntario y aunque estuve pocos días, fui tercer imaginaria y servicio de cocina. y a pesar del poco tiempo, conservo amistades íntimas con más de tres y de cuatro, gente de mi misma quinta. La mili era necesaria y necesaria sería para que algunos de hoy aprendieran la cartilla. no para aprender de guerra, para apreciar compañías, aprender que obedecer y aceptar la disciplina pudiera sernos muy útil después, más tarde, en la vida. Aprender a madrugar, a ser útil día a día, a valerte por ti solo y a respetar. Mi escuadrilla me dejó muchos ejemplos y amigos que todavía, alguna vez, con cariño, recuerdan aquellos días. Aunque solamente fuera por lo que tiene de guía, de encauzamiento, de doma de defectos que se vician, la mili tendría que ser obligatorio cumplirla. Bendita la convivencia que fue mi mili, bendita. A sus órdenes, mi cabo, y a las órdenes de usía... Daría lo que no tengo por repetir la milicia. Nunca es mala una experiencia de respeto y disciplina. A. García Barbeito