La caña flamenca, el primer palo flamenco

Estébanez Calderón, en sus Escenas Andaluzas llamó a la caña « tronco primitivo de los cantes andaluces» y el profesor García Matos aseguraba que provenía de una antiquísima canción andaluza. Sin embargo, otros autores discuten esta etimología musical, al menos parcialmente, relacionándola con la soleá o con la toná, propuesta ésta de difícil demostración. La caña ha sufrido un gran número de modificaciones a lo largo de la historia, siendo Curro Dulce, Silverio y Antonio Chacón los cantaores que mejor lograron captar su esencia. Sería Chacón quien la dulcificara y la dotara de su rítmica ideal, aunque actualmente es un cante que no cuenta con la preferencia de los intérpretes ni del público, dado su carácter monótono y su escasa carga emocional, prefiriéndose la soleá y la seguiriya. El Fillo fue el primer cantaor de cañas. En tiempos de El Fillo parece ser que era costumbre empalmar la caña con el polo, pero tal engarce de cantes resultaba pesado y monótono para quien los escuchaba. Por eso, la caña ha sido un cante que se ha ido transformando a través del tiempo, tendiendo a convertirse en un cante más directo y ligero. De hecho, fue Enrique Ortega "El Gordo"quien añadió a la caña una soleá corta y es don Antonio Chacón quién "logró dotar a la caña de una cuadratura musical perfecta". Con la muerte de Chacón dejó de cantarse la caña, y fíjate que no llegó a grabar él nunca este cante pero, casualidades o no, el mismo año de la muerte del cantaor jerezano (1929) la registró un seguidor suyo que fue Cayetano Muriel ("Niño de Cabra"). La caña, como tantos palos del flamenco, fue decayendo hasta mediados del siglo XX que se produjo un nuevo auge de este palo. La recuperación de este cante vino unida a la grabación de Rafael Romero (1954) y dejó impresa una magnífica interpretación de la caña. A partir de ahí, la caña renació y fue interpretado por las primeras figuras del flamenco de aquellos años. Los principales intérpretes de la Caña son Pepe el de la Matrona, Porrinas de Badajoz y Naranjito de Triana, entre otros. La de Chacón tiene en Rafael Romero, Fosforito y Enrique Morente a sus más destacados cultivadores. Según Manuel de Vargas fue el bailaor Antonio de Juana Porrote quien bailaba la Caña en el primer tercio del siglo XX acompañándose con el entrechocar de unas tablillas de caña. Sin embargo, el modelo bailable lo divulgó Perico el del Lunar, que adaptándolo al baile se lo ofreció en 1935 a Carmen Amaya para que lo estrenara en su debut en Madrid. Fue un éxito colosal. Así mismo Pilar López construyó una magnífica coreografía de pareja basada en este cante.