Juan Peña El Lebrijano ha muerto. El hijo de Bernardo Peña y María la Perrata, ha muerto este miércoles de madrugada en su domicilio sevillano, en la plaza de San Julián. Tenía 75 años. Lebrijano pasará a la historia como uno de los cantaores más importantes de todos los tiempos. Ha dejado aportaciones que han resultado fundamentales en el desarrollo de un arte que había heredado de manera natural como integrante de una excelsa familia gitana.
En sus fiestas, en sus ritos, Juan, como el resto de sus hermanos, pudo absorber los elementos esenciales de las formas y los estilos, pero en esa casa, sobre todo, debieron inculcarle conceptos tan claros como los del respeto, la fidelidad y el amor hacia el arte que se les transmitía. Sin ellos, poco se puede entender de la trayectoria creativa de un hombre que debió de alcanzar muy precozmente el dominio de los cánones, factor que podría explicar su permanente inquietud creativa.
Juan había dejado huella como cantaor para el baile en la compañía de Antonio Gades, pero subió a los escenarios como figura en solitario muy pronto. Fue tan inquieto que nunca se conformó con nada. En el tablao El Duende de Madrid hizo carrera en su juventud hasta aparecer en los carteles de los grandes festivales de verano, donde el tandem Mairena-Pulpón lo convirtieron en un fijo indispensable. En esa época tuvo encuentros memorables con Fosforito y con Camarón, por citar solo alguno de los mano a mano más sonados que el hijo de la Perrata protagonizó en dicha época.
la escuela mairenista, pero pronto se abrió hacia nuevos horizontes. En su disco «De Sevilla a Cai», sin duda el más importante de toda su carrera, grabado con el Niño Ricardo y Paco de Lucía, el Lebrijano comenzó a poner nuevas formas en cantes que hasta ese momento parecían intocables, como la soleá o la seguiriya. Luego se atrevió a hacer cosas tan insólitas como meter las Bienaventuranzas por bulerías. Y tras varios discos en los que imprimió su endiablado compás a los estilos clásicos, decidió abrir otra puerta. Fue el primer cantaor de la historia en hacer discos temáticos. El primero de ellos, con letras de Félix Grande y música de su creación se lo dedicó a la persecución de los gitanos bajo el título “Persecución”, obra en la que además quiso presentar un palo de su creación, bautizado bajo el nombre de “las galeras”. Luego vinieron muchos más con la ayuda de José Manuel Caballero Bonald o su amigo Casto Márquez en las letras, dando lugar a títulos como: “La palabra de dios un gitano”, “Ven y sígueme” o “Tierra”, que fue estrenado en la Bienal de Sevilla de 1992 y nunca vio la luz como proyecto discográfico. Solo unos pocos afortunados que gozaban de la amistad del Maestro cuentan con una grabación de dicha obra en sus discotecas.
Inquieto por naturaleza, exploró las relaciones entre el flamenco y la música andalusí con la Orquesta Andalusí de Tánger, algo por lo que fue muy criticado. También le quiso dedicar un disco a la Semana Santa, «Lágrimas de cera», en el que llegó a meter a compás letras de García Márquez, con quien había hecho amistad. La historia del Lebrijano es interminable. Aprendiz de la Niña de los Peines, que cantó en su boda con el Pinto y Mairena y él regaló hace pocos años a la afición bajo el título “La Boda”.
Colaborador de la RTVA durante sus últimos años de vida en la tertulia flamenca del programa “El Público” que dirige y presenta Jesús Vigorra, hoy es un día especialmente triste para el Flamenco y para Canal Sur.
Descanse en Paz, Maestro.