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EL PÚBLICO

¿Quién mató a los marqueses de Urquijo?

23/05/2019
En la sección "Se ha escrito un crimen" recordamos el asesinato de los marqueses de Urquijo, uno de los crímenes más célebres de nuestra historia negra. La noche del 1 de agosto de 1980, Manuel de la Sierra y María Lourdes Urquijo fueron asesinados a tiros cuando dormían en su domicilio en Somosaguas, Madrid. Durante las primeras horas después del crimen comenzaron a sucederse cosas muy raras: el administrador y amigo Diego Martínez Herrera acudió a la mansión de riguroso luto, aunque se supone que se entera del crimen al llegar al chalé. Toma unas raras decisiones, ordena lavar los cuerpos de los marqueses antes de que lleguen los forenses y destruye algunos documentos de la caja fuerte.
A primera hora de la mañana, llega a la casa Miriam de la Sierra, su hija y junto a ella, su ex marido, Rafael Escobedo, de quien se había separado ocho meses antes. El otro hijo, Juan de la Sierra, estaba en el domicilio en el momento del crimen.
Son muchas las líneas de investigación que se activaron, pero ninguna llegó a cuajar. El móvil del robo se descartó desde el principio porque no se llevaron nada de la casa y había cosas de mucho de valor. ETA estaba en pleno auge en esa época. Se buscaron también enemigos personales o de negocios del Marqués debido a que él gestionaba el banco Urquijo y otros negocios que lo convertía en unos de los hombres más ricos de España.
Tras contemplar todas estas líneas de investigación, el inspector José Romero Tamaral decidió centrarse en su entorno más cercano. En esta línea de análisis descubre que Manuel de la Sierra, el Marqués, era un tipo poco entrañable. Tenía fama de tacaño entre sus empleados y entre sus hijos. El mayordomo Vicente Díaz Romero confirmó la descripción que daba la familia. Un dato curioso a resaltar es que el padre de Rafael Escobedo, el que fue yerno del Marqués, era muy aficionado al tiro olímpico y tenía varias armas a su disposición. La pistola con la que habían matado al matrimonio era una muy utilizada en competiciones de tiro así que el inspector Romero se fue a ver a Rafael Escobedo a una finca (Moncalvillo de Huete, Cuenca) donde se había retirado tras el fallecimiento de sus suegros. Allí, el inspector intentó ganarse la confianza, de los que allí vivían. En el suelo de la finca encontró muchos casquillos que tomó para analizarlos y coincidieron con el calibre del arma con el que se había producido el asesinato. Sin embargo, el arma nunca se encontró pues el padre de Rafael, Miguel Escobedo, le dijo que el arma se la había vendido a un amigo y nunca se encontró.
El 8 de abril de 1981, el ex yerno de los marqueses de Urquijo, Rafael Escobedo, fue detenido en esa finca de Moncalvillo de Huete y trasladado a los calabozos. Allí declaran el propio Rafael y su abogado, que fue sometido a vejaciones y burlas por diferentes policías, hecho que negaron en todo momento los agentes y el inspector afectados. Al parecer, Rafael Escobedo escribió una nota en la que decía "yo soy culpable de la muerte de mis suegros, los Marqueses de Urquijo" sin embargo, esta nota nunca apareció. Se perdió como otras muchas pruebas y al preguntarle a Rafael, éste dijo que la había escrito coaccionado, tras ver a su padre exposado y recibir las amenazas de detener a su madre también. A esa prueba, en el juicio, se le dio muchas vueltas por toda la información que se podía sacar en torno al análisis de la grafía.
Tres años después de la detención se celebró el juicio con Rafael Escobedo como único acusado. Fue el primer juicio mediático en la historia de España, las pocas televisiones que había lo daban en directo y el procesado negó ser el autor de los hechos e insistió en que la confesión era fruto de la coacción. Ante la desaparición de la confesión manuscrita, la defensa de Escobedo empezó a rebatir la principal prueba científica, la de balística, pero no se pudo someter esa prueba a contradicción porque los casquillos en la finca de Moncalvillo de Huete también desaparecieron en el juzgado. Ante toda esta situación, tras una polémica sentencia y con muchas preguntas sin contestar, Rafael Escobedo fue condenado a 53 años de cárcel, quedando siempre la sospecha no resuelta de que en el crimen participaron más personas.
De los 53 años, fueron cuatro los años que Rafael cumplió condena, pues fue hallado muerto en su celda. La versión oficial fue que decidió quitarse la vida colgándose de su celda, pero, en el informe que su abogado encargó a un prestigioso forense, se recogía la existencia de cianuro en el cuerpo de la víctima y que no había signos de que éste se hubiese ahorcado. Otra cosa que resulta curiosa es que, pese a que Rafael se pasaba gran parte del tiempo en su celda escribiendo, no dejó carta de suicidio aunque sí sus memorias. Su testamento lo había dejado unas semanas antes de morir.
Y sólo dos semanas antes del suceso, Jesús Quintero le había realizado en televisión una entrevista para su programa El perro verde de Televisión Española que sería histórica. Pese a todo lo explicado, el caso se siguió investigando y hubo un segundo proceso que se abrió en octubre de 1983, tres años después del crimen, Mauricio López Marqués de Torrehermosa, que era un aristócrata y amigo de Rafael Escobedo, contó a la policía que le había entregado 25.000 pesetas a Javier Anastasio, un amigo de Escobedo para que se escapara, para que se fuera a Londres el mismo día que detuvieron a Escobedo. Fue acusado de encubridor del crimen y Anastasio coautor del doble asesinato. Anastasio contó que él se limitó a arrojar al pantano de San Juan la pistola que había utilizado para matar a los marqueses y siguiendo siempre las directrices de Rafael Escobedo.
Mauricio se libró de la cárcel pagando una fianza, pero Anastasio sí cumplió condena. En el juicio de este segundo proceso, Mauricio López-Roberts, marqués de Torrehermosa fue el único que se sentó en el banquillo. Javier Anastasio estuvo tres años en prisión preventiva y en cuanto salió de permiso huyó de España para evitar el juicio y la casi segura condena que iba a caerle. La Fiscalía iba a pedir 70 años de cárcel para él. Según contó el abogado de Anastasio, recibió una llamada de un juez de los que estaban en el tribunal que le iban a juzgar y le aconsejó e "invitó" a que se fuera. De hecho, no regresó hasta la prescripción del delito, 22 años después. Mauricio fue condenado a 10 años de prisión como encubridor del crimen y según la sentencia, él conocía la implicación en el asesinato de los marqueses tanto de Anastasio como de Escobedo, pero no lo puso en conocimiento de la policía, ni de la justicia. Además, ayudó y animó a Anastasio a intentar huir.
El caso está prescrito, pero no está esclarecido porque nos estamos preguntado lo mismo que hace 39 años. ¿Quién mató a los marqueses de Urquijo?