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La Argentinita

16/11/2011 Informativos CanalSur

La genial bailaora Encarnación López Júlvez, conocida artísticamente por el nombre de La Argentinita, nació en Buenos Aires en el año 1897. Hija de padres españoles, Félix López, segoviano dedicado al comercio de telas y después de casado se estableció en Buenos Aires y abrió allí un negocio de tejidos. Durante el tiempo que la familia vivió en Argentina perdió a dos hijos a causa de una epidemia de escarlatina por lo que la familia decidió regresar a España. Al parecer el padre de la Argentinita y Pilar López era un gran aficionado al flamenco, y de ello les vino la afición a las hijas.

La Argentinita comienza a bailar y poco a poco va ascendiendo en una carrera que pronto la convertiría en estrella del género de las variedades, que tuvo su era de esplendor en los años de la primera guerra mundial. El idilio de Encarnación López con Ignacio Sánchez Mejías, torero e intelectual muy relacionado con los escritores de la generación del 27, convirtió a la ya ilustre bailarina y tonadillera en musa de la misma. Frecuentó la amistad y la compañía de los más brillantes poetas de su tiempo, como García Lorca -con quien en 1931 grabó sus canciones populares- y Alberti. Encarnación se retiró un tiempo del baile por su amor con Ignacio, pero su nostalgia de los escenarios era tal que acabó volviendo, ayudándola él en toda la preparación; tanto, que participó activamente en la búsqueda y contratación de los intérpretes y fue el autor de Las calles de Cádiz, uno de los títulos del programa de reaparición de ella.

Ignacio Sánchez Mejías fue mortalmente cogido en el ruedo de Manzanares el 11 de agosto de 1934. Ella, inconsolable, buscó refugio en el trabajo. Se fue a Buenos Aires para bailar en el Teatro Colón, y desde allí emprendió una larga gira americana, por casi todos los países de habla española y los Estados Unidos. Regresó a España en julio de 1936, en vísperas de la guerra civil. Los primeros días del conflicto fueron angustiosos, con noticias constantes de registros, detenciones y fusilamientos. Así que decidió salir de España de nuevo, si aún era posible. Siempre con la esperanza de volver pronto a Madrid, fueron a Casablanca, después a París, Londres, Holanda, Bélgica... y Nueva York, adonde llegó en 1938, contratada por Hurok. Desde esa fecha hasta 1945, año de su muerte, desarrolló su carrera desde la gran manzana y se convirtió en una de las estrellas más grandes de la danza internacional e incluso llegó a hacer cine. Su última actuación fue el 28 de mayo de 1945, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, bailando el Capricho Español. Murió el 24 de septiembre. El cadáver fue trasladado a España, adonde llegó a finales de diciembre.