Los Reporteros repasa el accidente de Urda y los fallos que lo provocaron

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Es el accidente más grave de la Alta Velocidad en España y ocurre solo nueve meses después del de Adamuz. En Los Reporteros nos hacemos eco de la pregunta que recorre el país: "¿Cómo es posible?"

01 nov 2026 - 09:41

De nuevo el horror. De nuevo la angustia, la incertidumbre, el dolor, la conmoción. De nuevo un choque entre dos trenes. De nuevo un accidente ferroviario en la línea de alta velocidad sacude el corazón de España y, muy directamente, el de Andalucía. Nueve meses después de Adamuz, la tragedia se repite. Esta vez, en la provincia de Toledo, a la altura de la estación de Urda. Eran las 8:53 de la mañana del pasado miércoles cuando un tren de Renfe arrollaba a otro de Iryo que estaba parado en la vía. Los dos habían partido de Madrid con destino final Sevilla. En total, viajaban 544 pasajeros. El impacto fue brutal. Tanto como sus consecuencias.

La pesadilla comenzó en cuestión de segundos, tal como recuerdan los pasajeros: "De repente nos ha dado el tren por detrás, hemos visto aparecer el tren por la izquierda y todos volcados". Entre los gritos y el desconcierto, relatan que "las personas gritando, llorando, y yo no sabía lo que estaba pasando". En medio del caos, algunos intentaron socorrer a los demás: "Pedí si podía ayudar y me dijeron: "Estate con ellos ahí para que no se duerman y no se mueran"". La violencia del impacto hizo que "la mayoría de las personas que iban en dirección a la marcha salieron despedidas". Quienes se libraron de lo peor lo achacan a la fortuna, como reconoce otro viajero: "Afortunadamente me ha pillado tomando un café, porque yo iba en el coche siete, que es el que más víctimas ha tenido y está más destrozado". El rastro visual del desastre deja una huella imborrable: "He visto cosas hoy que me van a impactar para siempre. Muchos heridos, muchos muertos… Es algo que espero poder superar y soy consciente de que tengo mucha suerte".

La psicóloga Cristina Muñoz detalla detalla las distintas reacciones emocionales ante la catástrofe: "Hay personas que se quedan en estado de congelación, hay quienes tienen el sistema nervioso disparado y hay personas incluso que están en una fase de negación, de no ser muy conscientes de la gravedad y de la envergadura de lo ocurrido". Además, advierte sobre la sobreexposición mediática: "Cuando eres superviviente de un accidente y estás viendo cómo nos llegan imágenes en los medios —que también hay que ser prudentes a la hora de difundirlas—, claro, esas personas han estado allí y estamos hablando de que los cuerpos no están en buen estado, el amasijo de hierros... Esa exposición meramente es traumática".

Sobre el terreno, la prioridad es absoluta: desde el puesto de mando se escucha la orden de que "cuatro equipos que se preparen ya para entrar; en esos equipos van tres para trabajar con el puntal".

Los equipos de emergencia no dan abasto. Las primeras noticias oficiales apuntan a diez fallecidos, pero nadie duda de que son muchos, muchos más. Los cuerpos localizados son trasladados al Instituto Anatómico Forense de Toledo para su identificación. Los heridos, algunos en estado crítico, ingresan en hospitales de las provincias de Ciudad Real, Toledo, Albacete y en la Comunidad de Madrid. Y mientras, los pasajeros se agolpan en las estaciones esperando una opción para regresar a casa. La sensación de haber rozado la tragedia es compartida: "Nosotros en este caso cogíamos el tren de después y tuvimos suerte de que, gracias a Dios, por una hora no cogimos ese tren... Un poco nervioso todo el mundo y todo el rato con el teléfono avisando a todo el mundo de que no era nuestro tren y de que, afortunadamente, estamos bien".

Pero el más terrible compás de espera es el de quienes buscan a sus familiares y nada saben de ellos. De Ana, a la que esperaban en Sevilla para asistir a la boda de su hija. O de José Ángel, el dueño de Trece, el perro que apareció milagrosamente. En las estaciones de Madrid, Sevilla y Córdoba se instalan centros de atención donde el desgarro se multiplica al teléfono: "Mi padre me ha llamado llorando como un descosido: "Por Dios, dónde está tu hermano"", o la angustia de quien confiesa: "Mi sobrino no sé cómo está; estoy esperando que me llamen a ver dónde puede estar, pero no lo saben: si está vivo, si está bien, no lo sé".

La incertidumbre es uno de los enemigos del ser humano. Es más, el miedo no solo se activa con el peligro. A veces se activa con la incertidumbre. Esa sensación primera de descontrol puede generar incluso estrés postraumático. Como explica la experta, "no podemos olvidar que esto es contra natura, muy fuerte. Es decir, estamos preparados para la vida, para salvar la vida, para ayudar a los demás, a gestionar la vida... No para estas situaciones donde la muerte se vive tan sumamente de cerca".

Ante lo peor, aparece lo mejor del ser humano. Lo vimos en Adamuz y ahora en Urda.

Eduardo Martín, dueño de la finca donde tuvo lugar el accidente cuenta que "lo primero que nos preguntaban es que les ubicáramos. Yo me acuerdo del primer hombre que sacamos de aquí, un hombre con 50 o 60 años o por ahí, con la cara toda sangrentada, que me pidió que lo sacáramos, y lo primero que me dijo es: "¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy? ¿Dónde estamos?", porque no podía avisar, porque no podía avisar a dónde tenían que venir a buscarme".

Si algo de bonito tiene esta tragedia es la solidaridad humana, reflejada en testimonios como el de una pasajera: "La amabilidad de la gente ha sido increíble. Entonces, cuando han sabido que estaba embarazada, había un trabajador que estaba cerca del accidente que nos ha recogido a mí y a tres heridos y nos ha llevado a un centro de salud en Consuegra".

Una de las personas volcadas en ayudar es Andrés García, voluntario de Protección Civil. Se pasó 41 años en la red de radio de emergencia dependiente de la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha, como voluntario. Cuenta que se fue para el lugar del tirón, como muchos habitantes de Urda y Los Yébenes. Su visión sobre el terreno no deja lugar a dudas: "Era dantesco, no hay palabras para describirlo, eso lo sabe la gente que lo ve. Lástima que no hemos podido hacer más, porque una vez que has evacuado a la gente que estaba por allí medio aturdida, solo te queda rescatar los cadáveres".

Los reyes visitaban a los heridos hospitalizados y trasladaban su consuelo a las familias afectadas. Son muchas y de muy diversos orígenes. España ha quedado en estado de shock tras repetir en menos de un año el duelo por una tragedia ferroviaria. Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno, se trasladó también al CECOPI donde señaló que "lo primero era nuestro respeto, nuestro pesar hacia las personas que han perdido la vida y hacia sus familias. Tendrán que estudiarse medidas que hay que adoptar para que esto no vuelva a suceder. No es asumible para un país como España sufrir dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año como hemos sufrido. Por tanto, se tomarán todas las medidas que se consideren oportunas".

Andalucía vuelve a ser la comunidad más afectada. Hay numerosos andaluces entre las víctimas. Como José Manuel Chacón, de 31 años, guardia civil sevillano destinado en Madrid; o Mari Ángeles Mazo, vecina de Cuevas del Becerro y propietaria de un hostal; o Antonio Vázquez, apoderado taurino. Y la que fuera ministra de Trabajo por el Partido Popular, la onubense Fátima Báñez. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, alzó la voz para exigir respuestas: "Como presidente de la Junta de Andalucía exijo también al Gobierno de España transparencia, rigor y verdad. No se puede normalizar lo que no es normal".

Pero ¿cómo pudo pasar? ¿No funcionaron los sistemas de seguridad? ¿O se produjo por un fallo humano o una concatenación de errores? ¿Cómo es posible que, otra vez, un accidente golpee de esta forma tan devastadora la línea de alta velocidad? El Minsitro de Transportes, Óscar Puente, calificó el suceso de insólito: "Un accidente por alcance en la red ferroviaria española es un accidente verdaderamente inverosímil".

Para entender el fallo técnico, recurrimos a Miguen Ángel Anía, ingeniero industrial quien detalla el funcionamiento del sistema: "Los cantones son tramos de vía que están determinados en función de la velocidad a la que puede circular el tren en cada momento. El maquinista solamente interviene en casos muy determinados, pero si el tren rebasa la velocidad máxima autorizada o se aproxima demasiado a un cantón ocupado, el sistema frena el tren y lo detiene. Es el sistema el que le tiene que advertir con suficiente antelación de que tiene que empezar a frenar. Y si el maquinista no obedece, el sistema —que tiene que estar siempre del lado de la seguridad— frena el tren. ¿Por qué no lo ha hecho? No lo sabemos".

A la espera de las conclusiones de la investigación y de lo que digan las cajas negras, lo que oficialmente sabemos es que sobre las ocho y media de la mañana del miércoles se produjo un fallo en el sistema de control y seguridad LZB de la estación de Urda que afectó a 63 kilómetros de vía, lo que "produce la detención automática de todos los trenes que en ese momento circulaban por ese tramo".

Tras este primer fallo, entra a tomar el mando el sistema manual del centro de control de Adif 24 horas que está en Atocha. Y es ahí donde, a las 8:36 de la mañana, toman la decisión de que el AVE y el resto de trenes reanuden la marcha con normalidad. Abraham Carrascosa, ingeniero de caminos, explica la transición entre sistemas: "El sistema se cae. Entonces viene el segundo sistema, que es el ASFA, el tradicional de cualquier tren, donde el piloto conduce ya y tiene que fijarse en las señales, como en un coche. Además de eso, ¿qué pasa? Pues viene el control desde un centro de control, y ahí es el centro de control el que da órdenes al maquinista". Así lo atestiguan los audios del propio centro que hemos conocido, entre los controladores y los maquinistas. Las grabaciones, parciales y sin contexto, no acaban de dejar clara la situación. Lo que es objetivo es que el AVE, el tren que iba detrás del Iryo, volvió a retomar la marcha a una velocidad normal —que pudo llegar a los 200 kilómetros por hora— y no con marcha a la vista, a 40 kilómetros por hora, como establece el protocolo.

El ministro se pronunció sobre el cumplimiento de las normas: "¿Es esto correcto? Tengo que decirles que en ese momento había un meta cero en ese tren; es decir, es un tren que tenía obligatoriamente que detenerse y, con arreglo tanto a la reglamentación como a los propios protocolos de Adif, no podía reanudar la marcha con normalidad, puesto que además estaba ocupado el circuito de vía por el tren y dio "detenido" a la entrada de la estación; además, con una señal roja que impedía la reanudación de la marcha". Pero hay quien cuestiona la estructura de supervisión humana. Es el caso de Carlos Fernández, ingeniero de Obras Públicas: "Tenemos que preguntarnos: ¿eso puede suceder? Pues aquí ha pasado porque los operadores del CRC aparentemente no tienen un mecanismo que les controle; o sea, nadie controla al controlador, y entonces eso es algo anómalo. En ningún caso se puede producir —y se ha producido en este caso— que el único responsable de la producción del accidente sea una persona sola; en ningún caso puede suceder eso". La Guardia Civil ha tomado declaración a todas las personas que estaban en el puesto de control. La línea de alta velocidad Sevilla-Madrid es la única con sistema LZB desde su puesta en marcha en 1992. El nuevo sistema europeo ERTMS debería sustituirlo el próximo enero, aunque acumula retrasos.

José Luis Ordóñez, portavoz de la Coordinadora Estatal por el tren, explica las diferencias técnicas entre ambos sistemas: "Dicho en inglés, es ERTMS: Sistema Común Europeo de Gestión de Tráfico. Pues el anterior que se usó aquí, que es el LZB, es un sistema alemán que es exactamente con las mismas capacidades, inmediatamente anterior. Y su diferencia es que el sistema alemán necesita un cable a lo largo de toda la vía, porque la comunicación entre el tren y el centro de control se hace a través de ese cable. Pero el nuevo sistema, el ERTMS, el común europeo, no utiliza cable, porque utiliza solo radiovía aérea". Sobre la demora en su implantación, añade: "El ministro dijo que ya estaba casi implantado. No está implantado. Hay que implantarlo. ¿Eso quiere decir que con eso no hubiera habido accidente? Pues, evidentemente, si se cae, hubiera habido accidente también, pero la probabilidad de que ese nuevo sistema se caiga es mucho menor que la de un sistema que ya está obsoleto, que viene desde el año 1992".

El accidente de Toledo trae también a la memoria el ocurrido en Angrois, en Galicia, hace trece años —el más grave en España en lo que llevamos de siglo, con 81 fallecidos—. También el de Gelida, en las cercanías catalanas, en el que falleció un maquinista el pasado 20 de enero. Y sobre todo, el que ocurrió dos días antes, el 18, y está clavado en nuestros recuerdos más recientes: el de Adamuz, en el que murieron 46 personas. Mario Samper, presidente de la Asociación de Víctimas de Adamuz, revive todo lo pasado "pensando en todas estas personas que vuelven a padecer lo que hemos padecido nosotros... (...) Llevamos un año en el que tres accidentes ferroviarios con víctimas —los tres— nos dan la razón. Desgraciadamente, volvemos a reiterarlo: cuidado con el ferrocarril, es peligroso y las personas responsables no se hacen responsables". Amalia Montealegre es una de las víctimas del accidente de Adamuz. Médico de Talavera de la Reina, residente en Huelva, lleva estos nueve meses, como tantas víctimas, intentando recuperarse de las secuelas. Su testimonio refleja el cambio radical en su vida: "Murió una Amalia y, bueno, nació otra diferente, porque al final no soy para nada la misma persona, ni físicamente ni psicológicamente ni nada. De verdad que pienso en la gente que esté pasando, que haya podido estar pasando lo mismo que yo pasé ese día. Es que... es lo que no quiero, que esto no vuelva a pasar a nadie. Cuando de repente te das cuenta de que no ha pasado ni un año y estamos en las mismas otra vez, pues la verdad es que es duro".

El nuevo accidente reabre heridas y devuelve el miedo a viajar en tren. Lo dicen los datos. En el primer semestre de este año, el AVE registró un descenso de más de tres millones de viajeros, un 15 % con respecto al mismo período de 2025. En el corredor Madrid-Sevilla cayó el doble, más del 30 %, en parte por las obras que afectaron a las líneas, pero también por la desconfianza. José Luis Ordóñez, de la coordinadora estatal por el Tren asegura que "el Instituto Nacional de Estadística ha constatado que después del accidente de Adamuz hubo un bajón de demanda de transporte ferroviario y que ahora estaba precisamente volviendo a subir. Sé que esto va a ser un palo enorme para la sensación de las personas de si es seguro o no es seguro ir en tren, si es seguro o no es seguro ir en trenes de alta velocidad, si es mejor ir a la carretera".

Los sindicatos de ADIF defienden el papel estratégico del medio: "El ferrocarril debe ser el medio de transporte preferente. ¿Por qué? Porque es más ecológico, es más económico, es más seguro y, además, es socialmente más rentable, porque transporta a un mayor número de personas". La perspectiva laboral asume la comprensible inquietud social: "Es indiscutible que la percepción de una persona cuando se tiene que subir a un tren es menos tranquila que la que había hace unos meses, pero es una cosa muy lógica. Le pasa a cualquiera".

Desde el punto de vista psicológico, la reacción entra dentro de la normalidad ante un trauma repetido: "El miedo a viajar en tren tiene todo el sentido y es absolutamente lógico. Lo hemos vivido en situaciones de atentado, de crisis graves... La gente llega un momento en el que se queda en parálisis y tiene que elaborar su propia forma de afrontar. El problema está en las personas que lamentablemente tienen que viajar por situaciones laborales. Claro que aquí ayudarían también respuestas institucionales".

De momento, la venta de billetes de tren en la línea de Andalucía está suspendida hasta el 13 de diciembre. Y ante este vacío hay quien se aprovecha: los precios de los billetes aéreos se han disparado, así como los de autobuses, VTC y BlaBlaCar. Es el ángulo oscuro de una tragedia que nos ha conmovido. Tras el luto oficial, pero aún quedan muchos días para seguir con el dolor. El de quienes han perdido a sus familiares o el de quienes esperan impacientes la evolución de un ser querido ingresado en el hospital. También el de los supervivientes, que ahora tendrán que convivir con el recuerdo de lo que han sufrido. Para todos ellos queda este reportaje y el deber de no olvidar.

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