LOS REPORTEROS
Informe PISA: lo que las notas no cuentan
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El último informe PISA ha vuelto a poner el foco sobre el rendimiento de los estudiantes españoles. España registra sus peores resultados históricos en las tres áreas que evalúa este estudio: Lectura, Matemáticas y Ciencias, y Andalucía se encuentra además por debajo de la media nacional en todas ellas. Unos resultados desmoralizadores que obligan a una profunda reflexión.
Sin embargo, no parece que estemos ante un problema exclusivamente español. Los datos globales revelan una caída histórica e inédita en el rendimiento escolar a nivel mundial, con una bajada promedio de 20 puntos —lo que equivale a un año de escolarización— y con cinco de cada seis países de la OCDE empeorando sus notas. Pero, entonces, ¿qué está pasando realmente? ¿Estamos ante un problema de la escuela, de los hábitos de los chavales, de las desigualdades sociales… o de todo a la vez? ¿Qué nos está diciendo realmente PISA sobre la educación española y qué se está quedando fuera de la fotografía?
Desde hace más de dos décadas, PISA fotografía el nivel educativo de los jóvenes de 15 años en buena parte del mundo. Cada tres años, la OCDE, que agrupa a las 38 economías más desarrolladas, mide sus competencias en Lectura, Matemáticas y Ciencias. Por este último examen de 2025 han pasado 760.000 estudiantes de 91 países, alrededor de 33 millones de jóvenes en total. En España, casi 30.000 alumnos de 956 centros fueron evaluados, entre ellos unos noventa estudiantes del IES Pablo Neruda de Castilleja de la Cuesta, en Sevilla.
El director del IES Pablo Neruda, Tomás Fernández, detalla cómo se organizó la prueba en su centro explicando que "eran varias tandas de exámenes. Tienes que hacer unas listas, que son anónimas, es por número. A cada niño se le asigna un número y ellos seleccionan por un sorteo una serie de números al azar. Eran varias tandas de exámenes y luego al final un cuestionario socioeconómico-cultural. Al final era toda la mañana los niños haciendo una prueba si no una otra".
Preguntas como determinar si se recupera el dinero cuando una acción de bolsa baja un 50 % de su valor y al mes siguiente sube un 50 % demuestran el enfoque del estudio. Parece una pregunta de matemáticas hasta que uno tiene que explicar cómo ha llegado a la respuesta. Como aclara Fernández, la prueba "no evalúa contenidos en sí, ni una profundidad, sino si eres capaz de entender lo que estás leyendo y hacer lo que tienes que hacer para resolver la situación". Por eso, el director del instituto incide en la gravedad de la situación advirtiendo de "un descenso importantísimo en una cosa tan importante como es la comprensión lectora. Sin eso es muy difícil que nadie pueda construir un conocimiento si no entiende ni comprende lo que ve".
La realidad que describe PISA se refleja a diario en las aulas. El informe habla de que ahora mismo un chico o una chica de 14 o 15 años no es capaz de enfrentarse a un texto más largo de 400 palabras, un tamaño que no llega ni a un folio. A su vez, los profesores constatan que no pueden dar una clase de una hora porque el periodo de atención de los niños se ha reducido drásticamente. Los expertos entienden que el consumo de contenido digital rápido a través de las pantallas está afectando gravemente a la concentración. El alumnado actual se muestra muchísimo más activo que antes y le cuesta mantener la rutina de estar sentado, permanecer atento y organizar el trabajo. Es una dinámica que empieza desde la cuna, donde los maestros observan que un bebé de apenas un año, al recibir un dibujo en una lámina de papel, intenta pasar la imagen con el dedo como si fuera una pantalla.
Para saber qué hay detrás de estas cifras hay que salir del informe y entrar en el aula, en este caso con niños de 12 años. La maestra del CEIP San Pablo de Sevilla, Rebeca Esteban, advierte de una pérdida de autonomía en los estudiantes y de la creciente delegación de responsabilidades educativas por parte de algunas familias: "Yo creo que están delegando en la escuela un poquito labores de acompañamiento que antes se hacían en casa: una lectura con ellos por la noche, un cuento, un interés, preguntar una tabla de multiplicar como estoy haciendo yo en esta sesión con alumnos de quinto de primaria. Creo que antes formaba parte también de un trabajo que se hacía desde casa y era un apoyo constante, pero ahora pues todo se queda en el centro".
En este escenario aparece de forma recurrente uno de los grandes sospechosos: las pantallas. Esteban señala que "en Infantil estamos detectando muchísimos problemas de lenguaje en el alumnado. Atención por un lado, porque están acostumbrados a pantallas, y hablar o expresarse por otro, porque no conversan. Muchas veces sales del centro y ves que la madre le deja el móvil al salir. Es muy triste ver una entrega de niños a las dos de la tarde y que el siguiente paso sea un móvil para que el niño se entretenga, y no la conversación que hacíamos nosotros antiguamente de 'cómo te ha ido', 'qué tal este compañero' o 'qué has hecho en clase'. Eso creo que se ha perdido un poco".
Esta falta de dinamismo verbal y manipulativo genera dificultades en procesos cotidianos como el cálculo mental. La maestra del CEIP San Pablo pone un ejemplo tan sencillo como revelador: "Les presentas situaciones de dinero. Hoy en día trabajamos con manipulativos de monedas y billetes y muchos las desconocen. No hablamos de billetes altos, sino de céntimos, porque hoy en día cuando vamos a hacer la compra vamos con los móviles o con las tarjetas y apenas ves en las cajas que se manipule dinero. Entonces, claro, cuando trabajas con un niño un problema de qué te van a devolver o pides que dibujen el mínimo número de monedas, no saben, tienes que empezar a trabajar con ellos esa manipulación".
En este contexto, Andalucía se sitúa más de 10 puntos por debajo de la media española en las tres áreas evaluadas: quinta en Ciencias, cuarta en Matemáticas y séptima por la cola en Lectura. A pesar de ello, es la que menos retrocede respecto a la caída generalizada de España. La consejera de Educación, M.ª del Carmen Castillo, asume estos malos resultados a pesar de los esfuerzos en plantillas, bajada de ratios y la extensión de la gratuidad de 0 a 3 años, al tiempo que subraya los avances respecto al pasado: "Nosotros, en el año 2018, por ejemplo, en el tema del abandono escolar, estábamos 8 puntos por debajo de la media española. Ahora estamos por debajo del 15 %, apenas a dos puntos de diferencia con esa media. Es decir, eso es algo que hemos corregido en los últimos siete u ocho años".
A la consejera no le consuela la debacle generalizada en toda Europa, reconociendo que "es verdad que nuestros resultados en PISA eran más bajos y ahora nos vamos acercando a la media. Lo que pasa es que yo no lo digo mucho porque me da cosa decir 'como todo el mundo está mal, pues nosotros nos vamos acercando más', y eso no tiene sentido. En Andalucía ir rebajando el nivel para igualar por abajo no nos ha favorecido. Estamos hablando además de que PISA se mide por horquillas, y dentro de la horquilla entre 450 y 470 estamos prácticamente toda España. Esa horquilla es la que nos marca dónde estamos, pero claro, cuando los países que tienen mejores resultados se van por encima de 500, nosotros no estamos bien".
Para saber qué hay detrás de estas notas, el análisis se traslada a la Facultad de Educación de Córdoba, donde los expertos Ignacio González, Eloísa Reche y Ana Belén Quintero forman a los futuros maestros. González se muestra crítico con las limitaciones del estudio indicando que "PISA no contempla variables socioemocionales, que son fundamentales, ni contempla estudios longitudinales durante largo tiempo, sino que son estudios puntuales cada tres años. PISA sí que contempla el índice socioeconómico, sobre todo a nivel de renta del alumnado, número de libros en el hogar y estudios de los padres, pero no tiene en cuenta otra serie de variables como hábitos sociales, hábito lector o motivación. Todo eso no lo mide PISA".
Estos expertos, escépticos con el dato en bruto, llevan más de 15 años estudiando la evolución educativa andaluza y apuntan a más factores a tener en cuenta: la repetición, el absentismo, los hábitos de lectura, las expectativas familiares, los recursos de los centros o la renta socioeconómica. González explica cómo la brecha ha variado en los últimos años: "Si nos damos cuenta de los datos de 2025, el alumnado que ha caído más en la brecha es el de alto nivel económico y cultural, porque la distancia de caída es mucho más amplia. En segundo lugar, el hábito lector y el consumo tecnológico se han igualado, da igual ser de una clase social o de otra. El hábito lector se ha reducido considerablemente en toda España, y en Andalucía los padres no leen y los hijos no leen, da igual el estado económico. Además, el uso de la tecnología, si no es pedagógico, es simplemente recreativo. El alumno consume información de una manera muy distinta a la de antes, mucho más rápida y en 180 caracteres. No se lee en profundidad, no se razona, no se piensa, se delega cognitivamente en la IA y no a nivel personal, y eso da igual el distrito social, se ha equiparado. Por lo tanto, la caída está siendo más elevada en los niños y niñas de clases sociales más elevadas porque su distancia inicial era mucho más alta".
De vuelta al instituto, los propios alumnos confirman esta transformación digital en su día a día. Al ser preguntados sobre sus hábitos de lectura y el uso de la pantalla, la presencia de la Inteligencia Artificial emerge con fuerza. El alumno Adrián Velasco reconoce abiertamente que "yo, sincero, todos mis trabajos los hago con IA, todos los deberes, todo lo hago con IA porque si no no lo entiendo. Entonces, algo me tiene que ayudar".
La profesora Marta San Juan coincide en que la tecnología incide en la falta de concentración, explicando que "influye directamente, principalmente, en la comprensión lectora". Añade que el problema radica en la incapacidad de mantener la atención: "exactamente, cuando se les presenta un texto a lo mejo de 250 palabras, ya dicen '¡buf!, ¿hay que leer esto?, ¡pero seño!, es que esto...'". No obstante, las inquietudes del alumnado continúan siendo diversas, como muestra la alumna Pilar Caro, quien admite que "a mí lo que más me cuesta son las matemáticas, es que soy más de letras", mientras afirma con claridad su vocación futura: "quiero ser profesora de educación especial". Por su parte, el alumno Luis Cuevas reflexiona sobre la dispersión frente a los dispositivos reconociendo que "sí, es muy fácil desconcentrarse. A veces uno se pone a procrastinar o dice 'bueno, a esta hora me voy a poner a estudiar' y se te va el tiempo mirando un poco y haciendo scroll". Ante este panorama, el director Tomás Fernández resume la preocupación docente admitiendo que "todos somos conscientes de que algo está pasando en la sociedad que se está llevando una parte importante de la concentración y las capacidades de estos niños".
Una de las piezas clave para entender este fenómeno es la lectura, pues leer no es simplemente pronunciar palabras. El director de la Fundación Lara y participante en el Plan Nacional de Fomento de la Lectura, Pablo Morillo, defiende que la lectura "es la puerta de entrada del conocimiento, prácticamente todo lo que aprendemos lo aprendemos leyendo y por lo tanto cuando falla la lectura y la comprensión lectora, falla la principal base del estudio. Pero es injusto culpabilizar a los jóvenes de este problema. Para mí son las grandes víctimas del sistema educativo en el que se han visto inmersos, del sistema social y del día a día que hemos montado por necesidad de conciliación familiar y por horarios de los profesores". Morillo añade además el factor del ejemplo en el hogar: "los niños son imitadores. Si los niños de 10 o 12 años llegan a casa y ven al padre con el móvil, a la madre con la tele y al hermano pequeño con la tablet, el niño no va a leer".
La cuestión no es solo si los adolescentes leen menos, sino qué tipo de lectura realizan y durante cuánto tiempo sostienen la atención. De nuevo en Córdoba, los expertos debaten sobre cómo ha cambiado la forma de enseñar y aprender. La profesora Eloísa Reche señala que "en el aula se nota una metodología totalmente diferente y formas distintas de aprender e intervenir. Hay que tener en cuenta que ha bajado toda España, no solamente Andalucía, con lo cual hay que mirarlo con esa correlación porque Andalucía no está peor que antes. Ha bajado todo en general, entonces no hay que ser tan alarmistas. No hay una relación causa-efecto directa que PISA pueda medir". Además, Reche insiste en la perspectiva temporal argumentando que "PISA analiza de una manera sesgada a X centros y a X alumnos de una edad determinada, pero para que lleguen hasta ahí hay un origen, y el alumnado ha tenido que ir evolucionando hasta llegar a los 15 años con esa carencia".
En las aulas de primaria, las metodologías han cambiado para adaptarse a estos tiempos. La maestra Rebeca Esteban comenta que "fíjate que hoy en día las metodologías de clase han cambiado mucho. A lo mejor cuando trabajas un contenido lo presentas con un vídeo para activarles las ideas, luego les pones una tarea participativa entre compañeros... Utilizamos muchas metodologías para intentar que los tiempos de clase sean más cortos y no se centren solo en un tipo de actividad. Y es por eso, porque no están acostumbrados a explicaciones largas. A lo mejor ahora tras 10 minutos de explicación tú sola como maestra en la pizarra les observas y ves que ya no están contigo o te están mirando pero sabes que la mente no te está acompañando".
Al buscar soluciones en otros países, la profesora Ana Belén Quintero y el equipo de expertos advierten contra las "recetas milagro" y recuerdan la necesidad de contextualizar cada medida. En Andalucía, por ejemplo, destacan los planes de formación del profesorado en dos áreas clave: gestión de aula y atención a la diversidad.
Sin embargo, existe un consenso amplio al señalar la inestabilidad de las leyes educativas, en especial la LOMLOE, como uno de los factores de deterioro. La consejera Castillo afirma al respecto que "ya desde la LOGSE en los noventa, pero con la LOE en 2006 y especialmente ya con la LOMLOE, que ha venido a complicar muchísimo los procesos de enseñanza y aprendizaje para el profesorado, el alumno ve que no necesita hacer un esfuerzo para progresar en el sistema". Los expertos coinciden en la falta de un pacto por la educación y Quintero apunta a la necesidad de revisar normas como la promoción con asignaturas suspensas o la falta de recuperaciones en septiembre, añadiendo un problema propio de la región: "en Andalucía hay un problema grave que es la estabilidad de la plantilla docente. Si el docente no está estable en un centro no puede haber continuidad metodológica ni didáctica".
A pesar de todo, no todo son malas noticias: el alumnado andaluz siente un mayor sentido de pertenencia a sus centros que la media. Y aunque el profesorado mantenga sus críticas, PISA sigue condicionando la agenda pública. Ante esto, la consejera Castillo reitera que "la inversión en sí misma no te garantiza los resultados. Eso se ha visto en países europeos y en Estados Unidos, que invierte un 30 % más que Japón y Japón tiene mejores resultados. Tampoco es un problema de ratios, que es muy reiterado: países asiáticos con ratios altísimas están arriba en PISA y países con ratios muy bajas han bajado".
Quintero coincide en desmitificar los modelos extranjeros recordando que "Finlandia tampoco es la panacea. Finlandia también ha caído, y además tiene mucho menor porcentaje de inmigración o menor ratio por clase que la que tenemos en Andalucía o en España". En esa misma línea, Castillo hace hincapié en la diversidad y extensión de la región: "tenemos un alumnado muy diverso. Andalucía es más grande que Portugal, que Bélgica y que 14 países de la UE. La realidad es que venía de un peor punto de partida socioeconómico, como le pasa a Ceuta, Melilla, Murcia o Extremadura, pero sin embargo nos vamos acercando".
Asimismo, la consejera subraya la cautela al analizar los datos interregionales: "nos han sorprendido los resultados del País Vasco, que ahora está por debajo de nosotros cuando su nivel socioeconómico es muy alto y son los que más invierten en educación. Por eso digo que la inversión por sí sola no garantiza los resultados". Los expertos concuerdan en que comparar comunidades sin interpretar la dimensión poblacional o la cantidad de colegios sesga el análisis del dato en bruto.
Ante la pregunta de qué hacer para revertir esta tendencia, Quintero señala que "llevamos mucho tiempo trabajando programas de hábito lector y fomento de la lectura, pero hay que revisar qué es lo que no está funcionando al llegar a los 15 años con esa carencia y actuar ahí". Por su parte, la consejera Castillo resume la estrategia en tres ejes: "recursos necesarios en forma de refuerzo, atención personalizada y bajada de ratios; volver a la cultura del esfuerzo para aprender; y el compromiso de la sociedad con la escuela".
Quizá la principal conclusión de este informe PISA no sea que los alumnos sepan menos, sino que están aprendiendo en un mundo diferente, dominado por estímulos constantes. Mientras cambia la forma de acceder al conocimiento, la escuela mantiene el reto de enseñar lo más complejo: pararse, leer, comprender, pensar, equivocarse y volver a intentarlo. Por eso, más que preguntarnos solo qué nota hemos sacado, la verdadera cuestión es qué necesitan nuestros estudiantes para volver a aprender mejor.
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