La izquierda y la calle presionan al Gobierno por el decreto de vivienda

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El ejecutivo negocia a varias bandas, también con Junts, cuyos votos son necesarios para aprobar el decreto que aún no se sabe si irá a la reunión del Consejo de Ministros de este martes. Mientras, en Sol el número de acampados sigue creciendo y allí se organizan servicios para atenderlos.

28 sep 2026 - 15:10

El Gobierno multiplica las negociaciones para llevar el nuevo decreto de vivienda al Consejo de Ministros, aún sin confirmar si será el de mañana. Un texto impulsado por la presión social y el drama del último desahucio, y que nace condicionado por una profunda división entre sus socios de gobierno.

Sumar no solo presiona para evitar que el texto quede descafeinado, sino que también ha tomado la inusual postura de llamar a la movilización social contra el Gobierno del que forma parte, lo que ha provocado la reacción de sus compañeros socialistas.

Mónica García, ministra de Sanidad; Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda; y Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial, han intervenido en el debate de un Gobierno que tiene que hacer equilibrios, ya que necesita los votos de Junts y de Podemos para que el decreto pueda ser convalidado, posteriormente, en el Congreso.

Para lograrlo, el Ejecutivo de Sánchez vuelve a dialogar con el partido de Puigdemont, tras la ruptura que estos anunciaron hace unos meses. La formación independentista exige incentivos fiscales y protección jurídica para los pequeños propietarios, y ya ha anunciado que votará no a la actual propuesta del decreto de vivienda. Una postura que choca frontalmente con Podemos, con declaraciones de la eurodiputada Irene Montero, ya que los morados rechazan cualquier tipo de concesión a los arrendadores.

Estamos ante un lunes de largas negociaciones para salvar un decreto que, antes de ver la luz, deja entrever nuevas grietas entre los socios de gobierno y evidencia la fragilidad de sus apoyos parlamentarios.

600 PERSONAS CONTINÚAN ACAMPADAS EN SOL

Esta mañana de lunes, la acampada de Sol lo ha sido todo, a la vez, y en todas partes: cafetería, aula de estudio y también espacio de teletrabajo para algunos, que han sacado sus ordenadores portátiles entre las tiendas de campaña para cumplir con sus inexcusables obligaciones en el que ha sido el primer día laborable desde que arrancó la protesta.

El número de tiendas no ha parado de crecer en las últimas horas, superando las 350, según explica a EFE el portavoz del Sindicato de Inquilinas Fernando De los Santos, que define esta segunda noche como "muy tranquila".

"Aquí estamos por algo mucho más grande, por conquistar el derecho a la vivienda, por cambiar un modelo actual que sirve sólo para la especulación, con unas leyes que sirven sólo para el 10 % de la población", resume el portavoz, que deja claro que el objetivo de la acampada no ha cambiado y que el foco está puesto en el martes, en el ansiado 'decreto Maricarmen' que debe aprobar el Gobierno.

La tranquilidad de esta mañana y de la madrugada contrasta con el bullicio de Sol anoche, donde miles de personas se congregaron y acudieron al 'Fuck Rent Fest', un festival de música en el que actuaron varios artistas. "Hay mucha ilusión y entusiasmo, esto es toda una demostración de poder popular", dice De los Santos.

En el centro de la plaza, unas 30 personas hacen una fila ordenada hasta las grandes carpas, esperando su turno, pero acompañados del olor a café y churros que ha invadido el ambiente. Allí, los voluntarios reparten, a quien así lo pedía, una pieza de fruta y un vaso de café.

Elisa lo ha agradecido. "Se respira compañerismo", dice esta joven residente en Granada, a quien la manifestación y posterior acampada pillaron en Madrid, donde pasaba un fin de semana. Esta mañana, a primera hora, recoge junto a Krzys la tienda de campaña en la que han dormido. Ponen rumbo a Granada, donde esta tarde trabajan ambos.

Krzys y Elisa no son los únicos que se han acercado a Sol desde otros puntos de España. Belén, por ejemplo, viene de Lleida y ha aprovechado que tenía dos días de fiesta para sumarse a la protesta. Ella tiene una larga historia de lucha por el acceso a la vivienda, ya que primero fue víctima de la crisis hipotecaria de 2008 y ahora de los abusivos precios del alquiler.

Para facilitarle la vida a los que deciden teletrabajar desde la plaza, la organización reparte baterías para que puedan cargar sus móviles y sus ordenadores portátiles.

"La organización espontánea está funcionando a la perfección", dice Daniel, activista del Sindicato de Inquilinas que ha pasado las dos noches en la acampada, y que agradece la "solidaridad que no deja de llegar" hasta Sol.

Este joven, que deja la acampada para ducharse antes de ir a trabajar, destaca la capacidad para organizarse, lo que permite que todos puedan descansar. Y dice que hay una diferencia notable entre una y otra noche, que es la cantidad de gente que se está acercando a pernoctar.

Entre los acampados también hay estudiantes, como Raspu, que repasa, subrayador fosforito en mano, sus apuntes de producción audiovisual. Esta tarde tiene clase.

Lola también se irá en un rato a trabajar, entra de tarde y su horario le permite dormir en la acampada, donde ha pasado la noche con cuatro amigas que continuarán aquí toda la mañana.

A última hora del domingo, ante la previsión de lluvias, fueron muchos los voluntarios los que montaron carpas y tendieron lonas para guarecer las tiendas de campaña. La previsión meteorológica anuncia lluvias hoy para las 17:00 horas, pero el portavoz del Sindicato no está preocupado por ello. "Nos iremos ayudando para que nadie se moje. Eso no nos preocupa. Nos preocupa la gente que está sin hogar", dice.

A Julia, una de las acampadas, tampoco le espanta la lluvia. "Mejor agua que palos", ironiza.

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