María José, cuatro días desalojada: "El incendio nos ha cambiado la vida"
ANDALUCÍA DIRECTO
María José cumple su cuarto día lejos de su casa de El Madroño, realojada en la vecina localidad de El Castillo de las Guardas. Andalucía Directo ha charlado con ella.
Hasta hace exactamente una semana, la rutina de María José se medía entre los números, balances y expedientes de la contabilidad municipal del Ayuntamiento de El Madroño. Una vida tranquila y previsible en la sierra que, en cuestión de horas, saltó por los aires cuando una columna de humo y la sombra del desalojo irrumpieron en su puerta.
"Hasta hace una semana trabajaba en el ayuntamiento llevando la contabilidad y, de un día para otro, nos cambió la vida", relata María José a Andalucía Directo con la voz entrecortada de quien aún asimila el golpe de haber tenido que abandonar su hogar a toda prisa.
Hoy cumple su cuarto día lejos de casa, realojada en la vecina localidad de El Castillo de las Guardas. No está sola: en la vivienda de su pareja conviven apretados pero a salvo sus hijos, su madre y su hermana. Entre colchones improvisados en el suelo y una logística familiar ajustada a marchas forzadas, la gratitud por tener un techo seguro contrasta con el nudo constante en el estómago. La alternativa para un grupo tan numeroso habría sido la fría convivencia en un centro de acogida.
Sin embargo, el confort del refugio no logra despejar la sombra de la angustia. La pesadilla tiene además un amargo tufo a déjà vu: la familia ya vivió un infierno similar hace 22 años, pero esta vez el zarpazo del fuego duele más. La incertidumbre no da tregua, especialmente cuando la batalla contra las llamas atañe a los suyos en primera persona. Mientras ella reorganiza el día a día del realojo, su pareja permanece al frente de su finca, en las inmediaciones de la carretera hacia Aznalcóllar, velando por sus animales a escasos kilómetros del frente ardiente.
Entre llamadas cortadas para comprobar que todo sigue bien al otro lado del teléfono y la preocupación por los familiares que combaten en la línea de fuego, María José resiste. Como cientos de vecinos desplazados en esta emergencia, su mirada sigue puesta en el cielo y en los partes del operativo, aguardando el momento en que el humo se disipe y pueda, al fin, desandar el camino de vuelta a la vida que las llamas interrumpieron.