El histórico kiosco de garrapiñadas que endulza el corazón de Jerez
La cuarta generación mantiene viva la esencia y el sabor en el obrador del garrapiñero José Manuel Carrascosa, desde donde se surte entre otros establecimientos al famoso kiosko.
Jerez de la Frontera conserva entre sus calles un rincón donde el tiempo parece haberse detenido. Durante más de 70 años, el aroma inconfundible de las almendras garrapiñadas y los frutos secos recién tostados ha formado parte del paisaje sentimental de varias generaciones de jerezanos. Hoy, la cuarta generación de una misma familia mantiene vivo ese legado, protegiendo un oficio tradicional que es mucho más que un negocio: es un tributo a sus raíces.
Detrás de este emblemático kiosco de garrapiñadas en Jerez, está el obrador del artesano José Manuel Carrascosa, que nos explica que "el proceso de elaboración es completamente artesanal. Se trata de una labor compleja y delicada, ya que se trabaja con un azúcar traicionero que puede quemarse fácilmente si no se controla al milímetro el tiempo de cocción".
Sin embargo, ese mimo y precisión valen la pena: en el kiosco "de toda la vida" no solo se despachan dulces únicos, sino también nostalgia y recuerdos compartidos. Para la familia, cada cartucho servido honra el esfuerzo de sus antepasados y renueva el compromiso de no dejar apagar una llama que lleva siete décadas endulzando a toda la ciudad.
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