El encefalograma al que fue sometido tras descubrirse su orientación sexual
El escritor y comunicador venezolano repasa una infancia marcada por la libertad, la creatividad y la incomprensión de parte de su entorno.
Desde pequeño supo que era distinto y nunca intentó ocultarlo. "¿Qué voy a hacer hoy para ser todavía más diferente?", se preguntaba Boris Izaguirre cada mañana. En su entorno escolar encontró aceptación y aprendió que el respeto era un camino de ida y vuelta. No le dolió sentirse único, aunque sí tener que dar explicaciones constantemente. De ahí que haga suya la célebre frase del cantautor mexicano Juan Gabriel: "Lo que se ve, no se pregunta".
El escritor y comunicador cuenta que sus padres apostaron por un colegio dirigido por una formadora venezolana con un sistema progresista que respetaba la individualidad y fomentaba la creatividad, especialmente importante para él, que reconoce dificultades en materias como matemáticas o gramática, posiblemente relacionadas con su dislexia.
Sin embargo, vivió un duro episodio cuando la responsable cuestionó su orientación y recomendó a sus padres que recibiera atención psicológica. Según recuerda, aquello les causó una gran decepción al sentir que una persona en la que confiaban no comprendía realmente a su hijo. Sin embargo, Boris Izaguirre aceptó acudir a terapia psicológica e incluso fue sometido a un encefalograma. Además, relata que la especialista llegó a atribuir su manera de ser a la influencia de su madre, la bailarina Belén Lobo, por mantener amistad con personas homosexuales.
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