Cinco años de prisión por quedarse con 141.000 euros de un anciano: hablamos con el abogado de la familia
"Despierta Andalucía"
"Hay que extremar la precaución y las medidas de control sobre aquellas personas cuyas capacidades se vayan mermando", explica Fernando Fernández Velo en "Despierta Andalucía".
Cinco años de prisión por quedarse con 141.000 euros de un anciano que estaba a su cargo. Es la pena que impone la Audiencia de Sevilla al director de una residencia de mayores donde vivía la víctima. El hombre sufría deterioro cognitivo y, según la sentencia, el director se aprovechó de su puesto, desde el que gestionaba las tarjetas y cuentas bancarias del anciano, para apropiarse del dinero y contratar seguros de vida. En "Despierta Andalucía" hablamos con el abogado de la familia, Fernando Fernández Velo.
Explica el letrado que el caso sale a la luz cuando la víctima fallece y los hijos comienzan a gestionar la herencia. En ese momento "se dan cuenta de que no existe patrimonio donde debería haber algo... examinan las cuentas y están totalmente vacías". Se inicia entonces una investigación, a cargo de la Policía Nacional, en la que se descubren que "existen movimientos del todo anómalos", detalla, como "grandes retiradas de dinero desde cajeros automáticos y compras que no cuadraban con el estado en el que se encontraba este señor y con sus necesidades", caso de "grandísimas compras en centros comerciales, en supermercados, en alimentación", e incluso "pagos de sanciones de la DGT, pagos de matrículas en universidades a distancia", destaca el abogado, en definitiva "una serie de gastos que no guardaban relación" con el anciano.
"Lamentablemente, personas que se aprovechen de la vulnerabilidad como la que presentan muchas personas mayores han existido y van a existir siempre", reflexiona el abogado. Por eso considera que "hay que extremar la precaución y las medidas de control sobre aquellas personas cuyas capacidades vayan poco a poco mermándose para evitar este tipo de circunstancias".
Según Fernández Velo, "la víctima hacía una vida totalmente independiente de sus hijos, no había ningún tipo de control sobre su economía". Tenía sus facultades mentales mermadas, algo que, a su juicio, aprovechó el director de la residencia para ganarse la confianza de la víctima, lo que unido al "conocimiento de que no había nadie fiscalizando o controlando los movimientos" de las cuentas pudo propiciar la apropiación del dinero.