La incoherencia abucheada de Pablo Iglesias

LA VOZ DE VIGORRA

Jesús Vigorra da su particular punto de vista sobre los temas de actualidad en La mañana de Andalucía.

Política e incoherencia
JESUS VIGORRA
05 mar 2020 - 00:00

En apenas unos días, Pablo Iglesias ha completado el círculo de la incoherencia y el ridículo en carne propia. Es hoy ejemplo de la advertencia que hacía el poeta mexicano José Emilio Pacheco: "Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los 20 años". En menos de una semana, Iglesias ha liquidado el sueldo de honestidad con el que en tiempos garantizó la pureza de Podemos: Tres Salarios Mínimos como tope, y ha ampliado la permanencia en el liderazgo de Podemos. Ahora, el líder de la revolución de 15M de todo se ha olvidado, tiró por la ventana los sueños del pasado y paga sin dolor las letras del chalet de Galapagar, que comparte con la ministra de Igualdad y compañera de hipoteca.

Cuando como vicepresidente del gobierno se presentó ayer en su antigua Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense de Madrid a dar lecciones de política y moral, el vice-Iglesias fue recibido al grito de ¡Fuera vendeobreros de la Universidad ¡Fuera fascistas de las Universidad! Fascitas, compañero, somos todos. Fue la reaparición de lo que allí mismo, en el mismo sitio, él hizo con la diputada Rosa Diez diez años atrás. "Como te ves yo me vi, como me ves te veras", deberían rotular a la puerta de ese salón donde han sido abucheados varios políticos. Él, que impuso el escrache y el acoso al oponente político, que validó la persecución de los gobernantes y el señalamiento de la casta, acabó diciéndoles a los jóvenes cachorros de la Complu: "La radicalidad no está en lo dices, sino en lo que consigues". En esto, ciertamente, Iglesias lleva razón porque ha conseguido posición, poder, protección y coche oficial.

Y mientras, Echenique llamando vedadamente machote al ministro de Justicia, el juez Juan Carlos Campo, que se ha tenido que afanar en corregir hasta 26 páginas en el proyecto de Ley de Libertad Sexual. La ley incluso inventa, ¡qué cosas!, delitos inexistentes como el de "Extorsión sexual". Después de escuchar insultos e insensateces, el propio ministro Campo fue lacónico y certero: "Hay políticos que hablan demasiado". Luego fuese y no hubo nada.

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