Menos hablar de guerra y más protección

LA VOZ DE VIGORRA

Jesús Vigorra da su particular punto de vista sobre los temas de actualidad en La mañana de Andalucía.

Menos heroísmo y más protección
JESUS VIGORRA
14 abr 2020 - 00:00

En la etapa buenista, pacifista y algo cobarde, en España ni los militares iban con el uniforme por la calle. Hubo un tiempo que pareciera que habían desaparecido del mapa, excepto cuando llegaban los legionarios para levantar el Cristo o para echar una mano en las inundaciones. En cambio, asombrosamente, a la pandemia del coronavirus, al menos en nuestro país, se la ha presentado como una operación bélica, empezando por el comandante en jefe Pedro Sánchez al que no se le cae de la boca que estamos librando la peor guerra, como si desde la de Troya al virus no hubiera habido otra igual. En su alocución del domingo, a la hora del telediario volvió a lenguaje bélico. Habló de guerra y postguerra, línea de combate, compatriotas a las armas, héroes de la batalla y otras frases del repertorio de combate.

Pero esto no es una guerra, no hay lucha, ni enemigos, ni sabemos dónde está la línea de fuego, ni las trincheras ni la colina que tomar. Tampoco hay héroes, aunque así llamemos a esos sanitarios y otros profesionales abnegados que nos protegen, nos proporcionan sustento, limpian y entierran a los muertos. Todo es hiperbólico y absurdo, pues esos a los que aplaudimos por su heroicidad luego se encuentran con el rechazo de sus propios vecinos, cobardes, eso sí, que les dejan mensajes indignos en el ascensor. Aunque en nuestra exageración queramos verlos como camilleros de la Primera Guerra Mundial, ellos no son héroes, son profesionales muy dignos, entregados a su trabajo que quisieran menos heroísmo y más protección. Tampoco son héroes los niños por lavarse las manos, ni los ciudadanos por quedarnos en nuestra casita para evitar la contaminación.

Dejémonos ya del lenguaje bélico y las grandes palabras tan huecas como sonoras, y pensemos en por qué tenemos el mayor número de muertos por habitantes, tantos sanitarios caídos y un gran despiste en el reparto de mascarillas, guantes y tests. Convengamos que la tragedia no empieza hasta que el héroe no se da cuenta de dónde se mete.

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