Manuel Lombo en el Auditorio Nacional de Madrid
Este joven cantaor, con figurín de torero y flequillo abundante que cae sobre los ojos, comenzó a tontear con el flamenco desde pequeño, pero oficializó su afición al comenzar sus estudios en la Fundación Cristina Heeren de Sevilla. Allí aprendió de dos grandes: Naranjito de Triana y José de la Tomasa. “Hoy en día y con este tipo de instituciones es mucho más fácil aprender flamenco. Antes había que perseguir a los cantaores allá donde fueran o esperar a que llegara la fiesta para oírlos cantar”.
Siempre le han importado la moda y su propia estética, por eso en algunos conciertos le gusta cambiarse de vestuario a mitad de la noche. Pasar del pañuelo al cuello al traje con chaleco y corbata o a la camisa con puño doble y gemelos. Más que por imagen, es por respeto”. Y algo de moda aprendió hace años, cuando le tocó enseñarle la Feria de Abril a John Galliano, del que dice que es “una persona muy sencilla en el trato”. Pero mereció la pena: a cambio, el diseñador le pidió que abriera cantando la copla Silencio por un torero el fastuoso desfile que Dior ofreció en el Palacio de Versalles por los 60 años de la firma. Este concierto en Madrid supone un descanso en la gira “Lombo X Bambino”, el homenaje personalísimo que el artista sevillano ha querido brindar a una de las figuras del flamenco más magnéticas de finales del S XX.
Manuel Lombo desplegará esta noche todo su conocimiento flamenco en mitad de las rumbas y las bulerías de su admirado Bambino. Y seguro que aún así, reservará algún guiño al genio de Utrera. Irá del tango a la seguirilla pasando por las malagueñas y abandolaos. El escenario se quedará pequeño ante ese animal escénico que lleva dentro.