De los falsos agoreros al optimismo infantil

LA VOZ DE VIGORRA

Jesús Vigorra da su particular punto de vista sobre los temas de actualidad en La mañana de Andalucía.

De los falsos agoreros que predicaron el final hemos pasado a un optimismo infantil
JESUS VIGORRA
05 may 2020 - 00:00

Hemos llegado a un extremo difícil de imaginar, no sé si por el coronavirus, los efectos del encierro o el exceso de horas de televisión. De los falsos agoreros que predicaron el final hemos pasado a un optimismo infantil y a la entrega de nuestros derechos a cambio de una supuesta seguridad que, como la vida eterna, nadie puede garantizar. De aquellas frases hechas para mantener alta la moral de la tropa como "el virus no va a poder con nosotros", o "venceremos al virus entre todos", o "de esto saldremos mejores" vamos directamente, quienes lo puedan contar, a un cambio de los hábitos, que serán contrarios a todo lo que ha sido nuestra vida. Contrarios a la naturaleza humana, porque habrá que ver cuándo volveremos a poder abrazarnos con las personas queridas.

A partir de ahora la seguridad se impondrá sobre la libertad, eso ya hemos empezado a comprobarlo. Luego nos venderán la vida online, hasta el punto de que la ministra de Educación habló ayer de un probable inicio de curso con la mitad de los alumnos en la clase o no más de quince, y los otros enchufados a Internet. ¿Se ha parado a pensar la ministra lo que está diciendo? Sin la presencia de alumnos y profesores, cara a cara en la clase, ésta se convertirá en un espacio vacío, sin soplo vital, dice el filósofo Nuccio Ordine. Hay más, los universitarios desorientados sin saber cuándo o cómo serán los exámenes, algunos a expensas de ese aprobado general del que tanto hablan,-lo ha hecho en Italia- Qué motivación van a encontrar para dejarse las pestañas estudiando.

Y si pasamos a la vida cotidiana, aún más horror: anuncian sin ningún pudor que ahora a la entrada de las grandes tiendas nos tomarán la temperatura, todos en fila sometidos a la pistola en la frente que decidirá este sí, este, no en función de unas décimas de fiebre. Siendo la fiebre algo tan natural a nuestro organismo. Estoy hablando de la libertad del individuo, de la autonomía personal que es congénita a la condición humana. Algo no negociable, ni intercambiable en aras de la vida perpetua, a nos ser que todos queramos formar parte de la unidad de rebaño.

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