Las grandes tecnológicas quieren ralentizar el desarrollo de la IA
Los seres humanos son capaces de emplear las herramientas tecnológicas para lo mejor y lo peor. Desde la creación del teléfono hasta el desarrollo del espionaje o las ciberestafas. Esta ambivalencia se amplifica con la irrupción de la inteligencia artificial.
La pasada semana un equipo científico ha empleado la IA para crear un atlas del genoma humano que permite predecir cómo afectan las mutaciones genéticas a la biología molecular. Pero también esta última semana un exempleado de Anthropic advertía de que estas infraestructuras podrían "matarnos a todos" para finales de la década. En este contexto, cabe preguntarse por cómo las sociedades nos hacemos cargo de estos peligros y quién propone las soluciones a los mismos.
Son riesgos que a priori pueden materializarse en el largo plazo, aunque parecen lejos de ser una realidad palpable en poco tiempo. Tras las polémicas declaraciones sobre Anthropic del extrabajador Jacob Coxon, la compañía anunció este jueves 10 de septiembre que frustró varios intentos de uso indebido de sus tecnologías. En concreto, afirmó que identificó y bloqueó posibles complots para desarrollar armas biológicas con su IA. De hecho, este sábado, Anthropic y OpenAI pidieron "bajar el ritmo" de desarrollo de la IA por el riesgo a "perder el control". El domingo, Anthropic insistió en la idea al decir que "la industria mintió" sobre el peligro de la IA y asegurar que el Gobierno y los ciudadanos deben intervenir.