Entierran calzoncillos para medir la salud del suelo
Un equipo de investigadores suizos enterró el pasado año más de mil calzoncillos de algodón en campos y jardines para medir, dos meses después, cuánto se había descompuesto la tela: la conclusión es que, cuanto más se deshace la tela, más sano es el suelo.
Otro grupo, en Singapur, descubrió que una cucaracha fabrica un cristal de proteína para alimentar a sus crías que tiene más energía por gramo que la leche de cualquier otro animal, incluida la vaca. Ninguno de los dos hallazgos cambiará el mundo mañana, pero ambos, junto a otros ocho igual de insólitos, han recogido este jueves el Ig Nobel, el galardón que desde 1991 premia investigaciones capaces de “hacer reír primero y pensar después”.
La gran novedad de esta 36ª edición no está en los premios, sino en el lugar: por primera vez en su historia, la ceremonia ha abandonado Estados Unidos. Marc Abrahams, fundador del certamen y maestro de ceremonias desde su primera edición, explicó a este diario en marzo que tomaba esta decisión porque Estados Unidos se ha vuelto “inseguro” para muchos invitados internacionales. La intención, ha anunciado, es que la cita vuelva a Zúrich cada dos años, alternando con otras ciudades europeas,