La vida contemplativa hoy, en Los Reporteros

LOS REPORTEROS

España es el país con más monasterios y conventos de clausura del mundo, alrededor de 700, 200 de ellos en Andalucía, la inmensa mayoría son femeninos. En Los Reporteros hemos tenido el privilegio de compartir con algunas de ellas unas horas de su escaso tiempo.

13 sep 2026 - 09:59

En la conversación en la sala entre las monjas del Aljarafe, sor Lourdes, monja concepcionista franciscana del monasterio de la Purísima Concepción en Mairena del Aljarafe, recuerda: "La gente me veía que yo iba a todas partes, iba a los bailes y cuando la gente se enteró que me iba al convento, se quedó fría". Por su parte, sor Corazón relata: "Yo tenía amigas y yo las veía que estaban con los muchachos, yo también, igual, pero yo notaba en ellas una cosa que yo no notaba". Asimismo, sor Adela comparte: "Yo no quería ser monja, era mi hermana la que quería ser monja y yo me reía de ella y le decía que era una beata. Y luego la beata he sido yo. Ella ha tenido tres hijos y yo en el convento".

Ninguna cumplió con lo que se esperaba para ellas ni siquiera con lo que ellas imaginaban que sería su vida. Nos lo han contado sor Lourdes, sor Corazón y sor Adela, monjas concepcionistas franciscanas del monasterio de la Purísima Concepción en Mairena del Aljarafe, en Sevilla. Pero experiencias similares nos las han repetido en los dos monasterios y el convento que hemos visitado. La vida contemplativa no es una elección fácil, como nos dice la madre abadesa sor Elena y, quizás por desconocida, muchas veces es mirada con prejuicios. Según reflexiona la abadesa sor Elena: "Piensan que somos de otra manera a lo que en realidad somos o que vivimos de manera más arcaica, quizás como en las películas ponen. A mí no me gusta decir que soy monja de clausura porque lo fundamental de mi vida no es la clausura, pero el vivir en clausura, el vivir separada sí que me ayuda para mi vida de oración, para mi vida de comunidad, para mi trabajo".

Entramos, con la hermana María guiando nuestros pasos, en el Monasterio del Espíritu Santo en El Puerto de Santa María. Dieciséis monjas de diferentes nacionalidades, principalmente sudamericanas y africanas, viven en esta comunidad. Son comendadoras del Espíritu Santo, una orden fundada en el siglo XII por el beato Guido de Montpellier. La hermana María, de las Comendadoras del Espíritu Santo, explica: "El Señor ha permitido que estemos aquí en España cuatro casas". Respecto a las instalaciones de visita, la hermana María añade: "El locutorio es lo que tenemos para que puedan visitarnos. Antiguamente había unas rejas muy tupidas incluso con cortinas y todo eso poco a poco lo fueron quitando nuestras monjas, fueron quitando las rejas y dejaron una reja y para que no fuera cuadrada que no pudiera entrar la mano la hicieron alargada y ya sí podían meter las manos la familia y las personas que venían, era como más cercano a las personas. ¿Qué dice la iglesia que tiene que ser la clausura? Un signo, simplemente".

Cada día, se levantan a las seis de la mañana para estar media hora más tarde en el coro para empezar a rezar. Seguidamente, llega la eucaristía y se trasladan al refectorio para el desayuno. Son horas de silencio en las que no está permitido comunicarse. Después ya llegan los saludos camino cada una de la labor que le toca. La hermana Mary, comendadora del Espíritu Santo originaria de Tanzania y con unos 15 años en la comunidad, detalla: "Hoy por la gracia de Dios me ha tocado hacer formas y es una labor que a mí de verdad me encanta muchísimo. Hablamos con nuestras familias una vez al mes y a veces un tiempo vamos a visitarlos y volvemos otra vez".

La principal fuente de ingresos surge del obrador donde elaboran los dulces, exquisiteces muy variadas que venden todo el año. La hermana Regina, comendadora del Espíritu Santo, explica la organización del trabajo: "Cada quince días vamos rotando y el mismo equipo que estamos aquí, que formamos un buen equipo, porque, de verdad, es como el fútbol, están las que hasta que meten gol. Aquí formamos un buen equipo. Está la que sabe manejar el horno, la que sabe empaquetar y se hace muy pronto". Por su parte, la hermana María Kareem, comendadora del Espíritu Santo que cumple veinte años en el monasterio, relata su trayectoria: "La verdad es que estoy muy feliz, nadie se imaginaría esto... yo era una chica normal. Recuerdo que tuve varios novios, soy mexicana. Yo me acuerdo con el último novio me iba a casar, era muy bueno... parecía que tenía ya toda la vida resuelta, teníamos ya la casa, la vida resuelta, todas las amigas de fin de semana, parecía que todo estaba de maravilla pero en mi corazón faltaba algo. Fue muy difícil, fue la decisión más difícil porque fue terminar con todo un proyecto de familia, un proyecto que uno tiene de seguridad y la verdad es que el Señor me dio mucha fuerza".

La hermana Perla, comendadora del Espíritu Santo con 18 años en el monasterio, expresa: "Sentí el llamado del Señor y tenía yo mucha ilusión en venir a un monasterio de Europa porque sabía que faltaban vocaciones. La mayor parte del día estamos en silencio y tenemos dos horas de recreo. En ese recreo compartimos, pues hablamos, hacemos chistes, cantamos, lo que sea. Para eso nos reunimos en esta sala mientras estamos hablando o conviviendo, hacemos labores, labores que podemos hacer a mano, por ejemplo coser. No podemos estar sin hacer nada, si no, nos lo inventamos". Entre esos inventos está el torno de muñecas donde venden juguetes a los que confeccionan la ropa y la canastilla. Sobre ello, la hermana Guadalupe, comendadora del Espíritu Santo, comenta: "Ahora estoy realizando, dentro de las labores del monasterio, tenemos esta parte que es el costurero de las muñecas. Tenemos un voluntariado de tres mujeres que nos han ido enseñando a elaborar estas manualidades porque todo es manual".

Tanto las muñecas como los dulces, las labores de costura o los rosarios se pueden adquirir en el propio monasterio pero también a través de su página web. Es su forma de vida y de sacar adelante el monasterio. Cualquier ayuda siempre es bien recibida. Ahora esperan donaciones para poder comprar una furgoneta, imprescindible para prestar ayuda a quien lo necesita. La hermana Lourdes Judith, comendadora del Espíritu Santo, explica esta labor social: "Por la bolsa del bocadillo vienen unas setenta u ochenta personas, sesenta, pero los domingos hasta 120 y los 365 días del año aquí no hay descanso y no se le dice que no. Al principio eran quince, veinte, pero a raíz de la pandemia ha aumentado y gente normal que ves caminando por la calle que aparentemente no tiene necesidad pero tienen mucha. Y nos dicen: hermana, solamente tenemos para pagar la luz, el agua, el alquiler pero no tengo para comer; y personas también que han venido a menos nos dicen: hermana, yo he pasado de veniros a comprar dulces a ahora veniros a pedir la bolsita de alimento".

Esther es de Kenya. Tiene veinticuatro años y es postulante. Tiene que esperar aún unos meses para ser novicia. Un camino que la hermana María empezó a recorrer hace cuarenta años, cuando trabajaba como comercial: "Yo tuve una conversión muy fuerte. Yo en un año estaba en Torremolinos y en un año, en el mismo tiempo, en el monasterio de clausura. Tenía una insatisfacción... me divertía demasiado, gastaba demasiado, me movía demasiado por todos los sitios y no acababa de encontrar, como dice la gente, mi media naranja. Empezábamos y no, había un vacío interior que no lo llenaba nada ni nadie". Al preguntarle cómo lo vivió su entorno, la hermana María recuerda que su familia lo llevó muy mal y que todo el mundo pensaba que era un capricho. Asegura no haberse arrepentido nunca: "La gente decimos: lo hemos dejado todo por Jesucristo, y tú dices, es verdad, fíjate todo lo que dejó la hermana María, lo dejó todo, tanto, podía haberse casado, tener hijos, que yo quería tener cuatro, pero cuando llegué aquí me di cuenta que no lo había dejado todo, lo había encontrado todo lo que había buscado durante toda mi vida: ser feliz, no necesitar nada. ¿Lo peor que podía llevar? Trabajar. En casa. Limpiar cuartos de baño... mi madre decía que no iba a aguantar porque no me gustaba trabajar, pero qué va, yo estaba siempre dispuesta para todo".

Dejamos el Monasterio del Espíritu Santo para conocer el Convento de Santa María de Jesús, de la orden de las clarisas. Fundado en el siglo XVI es uno de los más antiguos de Sevilla, la provincia del mundo con más monjas de clausura después de Roma. Solo nos permiten entrar en el claustro. Sor María José, madre abadesa del Convento de Santa María de Jesús, explica respecto al inmueble: "Es un edificio un poquito grande, entonces es un círculo que no se cierra nunca porque empezamos por una parte, seguimos, seguimos, y ya tiene algún desperfecto".

El obrador, la fabricación de dulces por los que son muy conocidas, es su principal fuente de ingresos aunque en los últimos años han añadido otra. Sor María José, madre abadesa del Convento, detalla esta iniciativa: "Se tenía esa zona que está fuera de nuestra clausura, que estaba cayéndose. Entonces hicimos el esfuerzo de varios años de irlo reparando poquito a poco y hemos decidido que sean apartamentos turísticos porque yo creo que es lo que mejor nos conviene". Asimismo, sobre la percepción social de la clausura, añade: "Es normal que la gente nos vea un poquito extrañas, la forma de vestir y la forma de comportarnos pues es distinta a la de todo el mundo. Eso no quiere decir que nosotros nos alejemos del mundo, no; nosotros a nuestra oración traemos todas las dificultades que la humanidad sufre como son catástrofes naturales, guerras, migración".

La comunidad de este convento está formada por 18 monjas de ocho países distintos. Sor María José reflexiona sobre el momento actual: "La situación que estamos viviendo hoy día en la sociedad que no existe silencio, no existe contacto con Dios, la juventud y eso no puede escuchar la voz de Dios. Con tanto ruido no se puede oír. Quizás estamos ahora así, escasez de vocaciones, pero quién nos dice que en el futuro no cambie porque todo cansa y lo que no llena el corazón del hombre al final cae, no perdura".

Terminamos nuestro recorrido donde empezamos, en el Monasterio de la Purísima Concepción en pleno Aljarafe sevillano. La orden de las concepcionistas franciscanas celebra el año jubilar por el cincuenta aniversario de la canonización de su fundadora, la portuguesa Santa Beatriz de Silva. Éste es un monasterio muy joven, puesto en marcha en Mairena del Aljarafe desde 2006. Sobre la función del centro, la madre abadesa explica que se trata de una casa federal: "Esta casa es la que reúne los organismos federales donde vive la presidenta, la secretaria y las reuniones federales se reúnen aquí, y sobre todo los cursos de formación de las hermanas en formación inicial también".

Aquí conviven trece hermanas que han venido de diferentes conventos de la orden que han ido cerrando. La mayor tiene 93 años. Las rejas no existen en este monasterio aún siendo de clausura. Sobre el día a día exterior, la madre abadesa sor Elena señala: "Tenemos que salir porque muchas veces las gestiones hay que hacerlas en la calle, al médico hay que ir... muchas veces las compras, aunque hoy en día por internet se puede hacer todo". En relación con el uso de tecnologías, sor Helena, concepcionista franciscana portuguesa llegada en 2019, detalla: "A través del ordenador, como es normal, tenemos correo electrónico. La comunidad tiene correo electrónico donde recibe todas las cosas normales tanto institucionales como de seguridad social, como recibimos también correos electrónicos pidiendo ayuda, pidiendo oraciones, de nuestras mismas familias. Vemos la tele, y también en internet tenemos acceso a todas las noticias, a todas las cosas. Es muy importante. Tú no puedes rezar por el mundo si no sabes lo que pasa en el mundo".

Sobre su sustento, sor Helena aclara: "Nosotras no tenemos sueldo. Las hermanas sí, que están jubiladas, tienen su pensión porque han cotizado. Nosotras básicamente vivimos de las pensiones de las hermanas, de la caridad de los hermanos cristianos... y vamos subsistiendo. Nosotras no necesitamos mucho para ser felices. Esa teoría de que hace falta esto, eso... es un engaño".

Por su parte, la madre abadesa relata su vocación: "Soy de la provincia de Cáceres, me vine a Sevilla para estudiar y con muchísima ilusión. La comunidad nuestra del socorro tenía una residencia y allí es donde fui a parar. Ahí me empezó a entrar como ese gusanillo, ¿y si el Señor me está llamando? Hubo ahí una lucha porque mis padres son católicos, son practicantes, pero a la vez cuando les dije que yo quería ser religiosa... pues no. Querían que yo terminara la carrera, que siguiera, volviera. Decidí entrar, me costó, me costó ya el tener como una idea hecha de lo que yo iba a ser en la vida y de lo que yo quería y ahora te cambia el Señor los planes, pero con muchísima ilusión entré con 21 años y sigo contenta". Respecto a las vivencias más complejas de los votos religiosos, añade: "Nosotros tenemos el voto de sin propio, de vivir pobremente, de no tener nada propio. La verdad es que sí, es que ese cuesta. El de obediencia también. Y bueno y el de castidad llegan momentos en la vida que también cuesta, sobre todo cuando se es joven. El de clausura también porque a lo largo de la vida aunque entras con ilusión, cuando tienes que renunciar realmente a asistir, a mí me ha costado mucho, acontecimientos familiares, no poder estar".

No les ha sido fácil dejar la vida que tenían y esperaban pero ninguna se arrepiente de este otro camino tan distinto al de la mayoría. Vidas consagradas a su fe que ellas sienten plenas.

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