"Los Reporteros" analiza el incendio de Los Gallardos, el más letal de la historia de Andalucía

"LOS REPORTEROS"

Trece fallecidos, cuatro hospitalizados en estado grave, 1.400 desalojados y 7.000 hectáreas calcinadas hacen de este incendio el peor que hemos sufrido. Viento, calor y combustible fueron sus claves. Lo analizamos en "Los Reporteros".

19 jul 2026 - 09:19

Han pasado nueve días desde el inicio del incendio de Los Gallardos, un fuego letal que se ha cobrado la vida de trece personas y ha dejado cuantiosas pérdidas en la comarca del levante almeriense. Los vecinos lo afrontan como pueden, sacando ánimo y fuerzas para recuperar su tierra y su vida tras una tragedia que deja un balance de trece fallecidos, cuatro hospitalizados en estado grave debido a sus quemaduras, 1.400 desalojados y 7.000 hectáreas calcinadas en un perímetro de 40 kilómetros. El incendio forestal en Almería es ya el más letal de la historia reciente de Andalucía.

El fuego se inicia a las 16:35 horas del 9 de junio de 2026. Algunas personas vieron que se iniciaba en un cable que caía de un poste de madera situado al lado de un restaurante. Diego Torres, gerente de una empresa de montajes eléctricos, señala: “Según los testigos, los camioneros que llegaron al momento, si es del poste, sí había corriente eléctrica. Todo apunta de que sí. Según los testigos, todo salió del poste este”. El establecimiento cerraba sus puertas en 2009 y Endesa asegura que, desde entonces, ese cable no tenía tensión. Hay abierta una investigación que determinará si ha sido el origen de las llamas; nadie podía imaginar en ese momento ni las dimensiones ni la tragedia que iba a dejar a su paso.

Para luchar contra el fuego, la Agencia de Emergencias de Andalucía desplegó 460 efectivos, más de 120 vehículos y 32 medios aéreos, uniéndose también la Unidad Militar de Emergencias con base en Morón de la Frontera para actuar en el flanco norte. Francisco Miguel Reyes, alcalde de Los Gallardos, manifestaba la falta de recursos: “Y no damos abasto ya de efectivos, de Guardia Civil, el enfoque, ya no damos”. Por su parte, Ángel Collado, alcalde de Bédar, relataba el impacto en la zona: “Estas últimas horas están siendo muy duras para mí como alcalde. De ver que vecinos de mi pueblo han perdido la vida en este desagradable y con muy malas follá, mala uva, este incendio”.

Los expertos coinciden en que el fuego encontró unas condiciones casi perfectas para extenderse. Juan José Palacios, director del Laboratorio de Incendios, detalla las variables meteorológicas: “Estamos acostumbrados a la regla del 30, que todo el mundo ya conoce, que si temperatura por encima de 30 grados, humedad relativa menor de 30 y velocidad del viento mayor de 30. Si nos vamos a los datos de ese día, sobre las cuatro de la tarde qué ocurrió, vemos temperaturas más próximas a los 40, no estamos hablando de 30, estamos hablando de humedades relativas próximas al 10%, estamos hablando no del 30, sino 10%, y estamos hablando de racha de viento de casi 60-70 km por hora, es decir, el doble".

A estas condiciones se sumó la fuerza del viento en la orografía local. Francisco Castañares, experto forestal, explica: “En los cañones seguramente, en los cañones y en las ramblas, seguramente al comprimirse sería 90 o 100 km por hora, donde realmente ganó intensidad el incendio". El tipo de vegetación también aceleró el proceso. Juan José Palacios añade que había "combustible, con mucha cantidad de combustible, y además muy seco y muy fino, lo que hace que rápidamente entre en ignición y se comporte a grandes velocidades”, sumado a "viejos cultivos abandonados, ya en hora de vegetación, en las partes bajas gran presencia de esparto" y al pinar de Bédar. César Vicente Fernández, director del Centro Operativo del INFOCA, coincide en que los años 25 y 26 registraron una gran pluviometría previa, lo que generó "altas cargas de combustibles finos, herbáceos, que son el alimento principal del incendio en cuanto a la propagación rápida". Francisco Castañares ejemplifica el peligro del esparto: “Estaba muy seco, daba un poco como si hubiera habido pequeños montoncitos de pólvora que hubieran ido poniendo por allí y cuando llegaban, ¡chum!”.

El incendio llegó a avanzar hasta 15 kilómetros en escasas dos horas, alcanzando velocidades de 100 metros por minuto que llevaron a los testigos a afirmar que "el fuego era un Fórmula 1". Ante tal virulencia, César Vicente Fernández reconoce que “en los incendios muy rápidos, o los incendios con alta liberación de energía, muy virulentos, no queda otro remedio que buscar y esperar a que la meteorología o la topografía den una oportunidad de la extinción”. Juan José Palacios apunta también a la complejidad de los barrancos de la zona, donde "rápidamente la caída de focos secundarios caiga en el fondo del barranco y tenga un comportamiento, por llamada, por succión con el otro fuego, muy virulenta”, dificultando además el acceso de la maquinaria pesada.

La configuración urbana también complicó las tareas de extinción. Juan José Palacios explica que la presencia de accesos escasos e inseguros y la "constitución urbana de la zona, no estamos hablando de diseminados... sino de una vivienda aquí y otra muy lejana... hace que haya que hacer un triaje". El alcalde de Bédar, Ángel Collado, corrobora que “Bédar tiene una cantidad de viviendas aisladas que son viviendas rurales, viviendas turísticas. Y eso dificulta bastante la extinción del incendio”. Alfonso Doctor, profesor de geografía de la Universidad de Huelva, analiza la prioridad de los efectivos: “Cuando llega el incendio, los servicios de extinción, lo primero que tienen que procurar es que no muera nadie. Mientras se está haciendo todo esto, los servicios forestales no pueden centrarse en la lucha contra el fuego. Con el cambio climático los incendios cada vez son más grandes y cada vez en algunos casos al ser más grandes van más rápidos... es lo que se ha hablado de incendios de sexta generación. Este concretamente no lo era, porque la cobertura forestal no era tan densa”.

A esto hay que añadir que más de la mitad de los residentes son extranjeros (británicos, belgas y franceses), muchos de avanzada edad y poco familiarizados con la red de caminos, lo que dificultó la evacuación. Casi todas las víctimas morían intentando huir en coche, en moto o a pie. El alcalde Ángel Collado recuerda cómo tuvieron que evacuar la zona: “Actuamos desde el primer momento, tocando puerta por puerta, sacando a los vecinos, incluso a los que no querían... Afortunadamente, unos de los que no quisieron salir están con vida y ellos aconsejaron al grupo de nueve vecinos que se metieran en su casa, no le hicieron caso y siete de los nueve, siete han fallecido”.

Antonio Sanz, consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, remarca la importancia de seguir las directrices oficiales: “Decir que es muy importante siempre, siempre atender a las instrucciones y a los mensajes. No son recomendaciones, son instrucciones... En este caso ha podido ocurrir que buscando la salida ya tardía... finalmente las salidas no fueran las adecuadas y se metieran en una ratonera, en una trampa, en algún caso una rambla donde prácticamente no tenía ni salida".

Tras el suceso, los 13 fallecidos han sido identificados mediante análisis de ADN, resultando ser un español y 12 extranjeros (siete del Reino Unido, tres de Bélgica, una de Francia y otra de Estados Unidos). Por otra parte, dos personas de nacionalidad inglesa de entre 40 y 50 años fueron rescatadas por la Guardia Civil tras pasar la noche en una ladera vertical y actualmente se encuentran graves pero fuera de peligro en la unidad de quemados del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, junto a otros dos afectados. Mientras tanto, las 1.400 personas desalojadas fueron acogidas en iglesias, centros deportivos, hoteles e incluso tanatorios gracias a la solidaridad vecinal.

El control perimetral del incendio se logró gracias a la coordinación de los recursos. Antonio Sanz destacó que "el buen trabajo, una vez más, de nuestros profesionales, de EMA Infoca, la UME, los bomberos forestales y todo lo operativo... nos ha permitido que los trabajos de contención del perímetro hayan tenido éxito”. Asimismo, la ministra de Defensa, Margarita Robles, afirmó: “La UME va a estar el tiempo que haga falta y el tiempo que haga necesario... todos han sido unos, el Infoca, los bomberos, la UME, la Guardia Civil, Protección Civil. Eso es lo que hace grande a un país". Esta colaboración se visibilizó con la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Junta, Juanma Moreno. Moreno mostró su “agradecimiento a todas las administraciones que... hemos sumado esfuerzo", pidiendo además a los ciudadanos "estar alerta al humo para avisar lo antes posible al 112 [y] alerta a actitudes sospechosas". Por su parte, Pedro Sánchez subrayó la necesidad de un pacto de Estado, advirtiendo que “la emergencia climática mata, lo estamos viendo en toda Europa... y, en consecuencia, tenemos que estar, todas las administraciones y el conjunto de la sociedad, a la altura del desafío”.

Para los expertos, el núcleo del problema reside en un cambio estructural del modelo rural. José Luis González Rebollar, doctor ingeniero de montes, argumenta: “El incendio no es el problema, el incendio es el síntoma de un problema, el abandono rural. Hay una forma muy eficaz de terminar con todo el problema de los incendios forestales, que es hacer del monte una unidad económica rentable, y eso se constata en casi todos los sitios donde tú ves que un incendio se ha detenido, y es porque allá hay alguien que está defendiendo que aquello no arda". Francisco Castañares pone como contraejemplo los pinares de la Sierra de la Demanda y los picos de Urbión: "¿Por qué no se queman? Porque están aprovechados, porque están gestionados, porque son propiedad de la gente de los pueblos... y se ocupan ellos de mantenerlos bien".

González Rebollar concluye explicando el cambio de habitabilidad en Los Gallardos: “Casi todo lo que se quema son espartales o algunos pequeños olivos que han quedado y se ven muchos bancales de antiguos usos agrarios y al final un chalé... antes de ese chalé había un cortijo... pero ese cortijo tenía sus tierras de labor, tenía su mosaico de uso alrededor que lo protegía". Francisco Castañares coincide en que al abandonarse las actividades agrarias y ganaderas a partir de los años 60 y 70, como el aprovechamiento del esparto, el efecto es "el mismo que si se hubieran dejado la llave del paso de gas abierta. Ahora cualquier chispa, cualquier fuente de emisión, cualquier fuente de calor intenso, provoca un incendio de extraordinarias dimensiones". El incendio de Los Gallardos quedó finalmente controlado cinco días después de su comienzo, dejando la muerte de 13 personas y la necesidad de encontrar soluciones estructurales para el futuro.

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