El renacer de la fábrica de loza La Cartuja de Sevilla

"Los Reporteros"

Después de años de crisis e incertidumbre, la fábrica de loza más conocida del país reabre sus puertas. Un holding se hará cargo de esta nueva etapa de una empresa fundada en Sevilla en 1841 y que atesora un legado artístico incomparable. Se lo contamos en "Los Reporteros".

21 jun 2026 - 11:47

Tras un largo periodo de incertidumbre, la fábrica de loza más conocida del país, La Cartuja Pickman, reabre sus puertas. Un holding se hará cargo de esta nueva etapa de una empresa fundada en Sevilla en 1841 y que atesora un legado artístico incomparable. En "Los Reporteros" hemos estado allí para comprobarlo.

La loza que comenzó a brillar hace casi dos siglos ha transmitido desde entonces una genuina personalidad a los objetos. Las hermanas Cristina y Lola Benítez son dos de las trabajadoras que han podido volver a un trabajo que no hace mucho creían haber perdido. Han trabajado durante los últimos años en la fábrica de loza de la Cartuja, ubicada en la localidad de Salteras, a pocos kilómetros de Sevilla. Una factoría inmensa con solo treinta empleados. Al igual que ellas, el resto de sus compañeros acaban de recuperar sus empleos.

La crisis que terminaría con el cierre de la célebre fábrica comenzó en la década de los ochenta del pasado siglo. La propiedad cambió de manos varias veces desde entonces, pero nada impidió un lento y progresivo declive. El deterioro y la sensación de abandono son todavía palpables. El pasado mes de septiembre la empresa quebró, entró en concurso de acreedores y dejó al borde del abismo un legado artístico forjado durante sus 185 años de existencia.

Javier Targhetta es el nuevo presidente de La Cartuja de Sevilla y tiene la tarea de reflotar la empresa. La nueva propiedad está participada en un 80 por ciento por las hermanas Paola y Gabriela Luksic, y en un 20 por ciento por el propio Javier Targuetta y su esposa, Mar Madrid, El holding se hizo con la fábrica en fase concursal por solo 225.000 euros.

La inversión prevista rondaba el millón y medio de euros, una cantidad inicial que ya se ha duplicado. Los nuevos propietarios asumieron las deudas, arreglaron la maltrecha nave, recompraron marcas propias que se perdieron y mantuvieron los empleos. El desafío ahora es recuperar el prestigio.

Los trabajadores regresaron a sus puestos en abril. Poco después, en mayo, los hornos entraron en funcionamiento y la fábrica recuperó el pulso, aunque para ello hubo que superar no pocas dificultades, según destaca el director de producción, Sebastián Fernández.

Los trabajos solo acaban de comenzar, pero la fábrica ya produce 500 piezas diarias listas para su distribución. Targhetta explica que la cerámica fina está de moda de nuevo, no solo en el mercado español, sino en el de otros países europeos, además de Estados Unidos, Japón o Corea.

La fábrica de loza fina vuelve a ocupar un lugar en la historia dos siglos después de que Charles Pickman Jones llegara a España procedente de Liverpool, para dedicarse a la importación de cerámica inglesa, muy en boga en el siglo XIX. Cuando el gobierno de Cea Bermúdez prohibió la entrada de piezas extranjeras, tratando de proteger así los talleres nacionales, Pickman decidió levantar su propia fábrica.

La primitiva fábrica se instaló en el monasterio de Santa María de las Cuevas de Sevilla, que poco antes habían abandonado los monjes cartujos. Pickman puso en marcha un modelo industrial inédito en España, y aunque al principio confió la producción a expertos llegados de Inglaterra, muy pronto los ceramistas locales aprendieron la nueva técnica y aportaron a las piezas un estilo y un lenguaje autóctonos.

De entonces a hoy, el legado de Charles Pickman, la loza fina de La cartuja, parece haber encontrado un puente de unión entre pasado y futuro.

También te puede interesar

Lo último

stats