LOS REPORTEROS
Palacios habitados: vivir y mantener el patrimonio
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Son espacios patrimoniales, pero también son casas vividas. Viviendas familiares atravesadas por siglos de historia donde habitar implica conservar, mantener, negociar cada intervención con Patrimonio, abrir algunas puertas al público y cerrar otras para proteger la intimidad. Un equilibrio complejo que permite mantener vivo un legado extraordinario que, hasta hace poco, permanecía oculto a las miradas ajenas. Los Reporteros ha recorrido algunos de ellos.
El Palacio de los Condes de Santa Coloma, en Sevilla, es uno de esos ejemplos. También conocido como Palacio de los Bucarelli, esta joya de la arquitectura barroca civil abrió recientemente sus puertas a las visitas. Su historia comienza en 1720, cuando la familia Bucarelli llegó desde Florencia para dedicarse al comercio con América. "Aquí llegaban todas las mercancías de Oriente y Occidente que venían en los galeones", explica Ana Rosa Queralt, marquesa de Cañete. Los barcos atracaban en el Guadalquivir y las mercancías accedían directamente al palacio por el apeadero. Más tarde, el matrimonio entre Pilar de Bucarelli y Juan Bautista de Queralt incorporó el apellido que aún hoy conserva la familia. "Han pasado catorce generaciones de padres a hijos", resume.
El edificio continúa habitado por los descendientes de aquella estirpe. Conviven varias ramas de la familia mientras una parte del inmueble se ha abierto al público. Pilar Queralt, marquesa de Alconchel, asegura que siempre fue una casa familiar, pero entendieron que su historia también debía compartirse. "Nos pareció una buena idea, siendo un Bien de Interés Cultural, abrirlo al público. Estamos muy orgullosos porque la gente lo conoce y lo pone en valor."
La decisión responde también a una realidad común entre las grandes casas históricas europeas. Según un estudio respaldado por la Comisión Europea, más del sesenta por ciento de estos inmuebles ya reciben visitantes. Difundir el patrimonio ayuda a garantizar su conservación en un contexto en el que, como denuncian sus propietarios, las ayudas públicas son prácticamente inexistentes.
Pilar Queralt defiende que la colaboración institucional resulta imprescindible cuando conviven la iniciativa privada y la protección pública del patrimonio. Considera que las administraciones deberían implicarse mucho más en la promoción de estos edificios porque, aunque sean de propiedad privada, forman parte del patrimonio colectivo. Mientras tanto, la familia continúa invirtiendo en adaptar la vivienda a los nuevos tiempos sin alterar su esencia. "Constantemente hay que hacer cosas en una casa así", explica. Todo requiere autorización de Patrimonio, pero insiste en que es posible modernizar el edificio respetando su historia. Además de las visitas culturales, una parte del palacio se ha convertido en alojamiento histórico con quince suites.
La historia del edificio también alimenta las leyendas. Una de ellas sitúa en su balcón principal la inspiración de Gustavo Adolfo Bécquer para escribir Volverán las oscuras golondrinas. Ana Rosa Queralt recuerda que el poeta se habría enamorado platónicamente de una condesa de Santa Coloma y sonríe al comprobar que, dos siglos después, "esas golondrinas siguen viniendo".
En Jerez de la Frontera, el Palacio del Virrey Laserna lleva en manos de la misma familia desde 1267. Allí nació José de la Serna, último virrey español del Perú. Álvaro Moreno recuerda que abandonó la casa con apenas doce años para ingresar en la Academia Militar y acabar protagonizando uno de los últimos capítulos del imperio español en América.
La vinculación de la familia con la Corona también forma parte de la historia del edificio. "Aquí han comido los últimos cinco reyes de España", afirma Moreno, quien recuerda incluso la celebración de un Consejo de Ministros presidido por Alfonso XIII en 1925.
Pero el peso de la historia también supone una enorme responsabilidad económica. La humedad constante, las tuberías centenarias o cualquier avería obligan a realizar intervenciones continuas. Moreno lamenta que en España no existan mecanismos de apoyo similares a los de otros países europeos para la conservación de estos inmuebles. Abrir la casa al público también implica renunciar a parte de la privacidad. Sin embargo, reconoce que no imagina otro lugar para vivir. "Es mi casa, es mi vida", afirma, aunque admite que el verdadero reto será convencer a las generaciones futuras de mantener ese compromiso.
La misma preocupación comparten Cristina Sabater y su familia en el Palacio Vela de los Cobos, en Úbeda. Su antepasado Ignacio de Sabater adquirió el edificio en 1873 para convertirlo en residencia familiar, función que mantiene en la actualidad. Entre esculturas, pinturas y mobiliario histórico, la gran joya del inmueble es una biblioteca de quince mil volúmenes reunida durante toda una vida por su padre, Natalio Rivas Sabater.
Fue precisamente él quien decidió abrir el palacio al público a finales de los años ochenta convencido de que el patrimonio debía compartirse. Hoy las visitas guiadas y unos apartamentos turísticos ayudan a sufragar unos costes de mantenimiento muy elevados, aunque Cristina Sabater reconoce que los propietarios siguen aportando una parte muy importante de los recursos necesarios. Lo que más valoran los visitantes, explica, es descubrir una casa auténticamente habitada. "No tienen la sensación de estar en un museo, sino en una casa que se vive día a día."
Aun así, el objetivo principal sigue siendo garantizar el relevo generacional. La familia trabaja para que el edificio no se convierta en una carga para quienes lo heredarán.
Ese relevo ya no siempre llega por vía familiar. El Palacio de Moratalla, en Hornachuelos, pertenece ahora a los hermanos López Magdaleno, sin vínculo con los antiguos propietarios, pero profundamente ligados a la comarca. Ese arraigo fue determinante para asumir un proyecto de recuperación de enorme envergadura.
Los jardines históricos, diseñados por Forestier y declarados Bien de Interés Cultural, han requerido años de trabajo. "Había árboles caídos, el sistema de riego estaba destruido y cada vez que restaurábamos una parte aparecía otra nueva", recuerda Isidro López Magdaleno. La recuperación de las cubiertas del edificio también ha supuesto una de las mayores inversiones para combatir las humedades.
Su objetivo es que el palacio pueda sostenerse económicamente en el futuro mediante un proyecto hotelero de gran lujo. Considera que esa es la mejor fórmula para garantizar su conservación durante muchas generaciones.
A pesar de sus diferencias, todos estos propietarios coinciden en una misma idea. Heredar un palacio supone un privilegio, pero también una enorme responsabilidad. Un patrimonio que pertenece legalmente a unas familias, pero que forma parte de la memoria colectiva de todos.
Porque algunos palacios siguen siendo hogares y otros buscan una nueva vida. Todos, sin embargo, comparten el mismo desafío: encontrar quién los cuide en el futuro para que el tiempo no termine adueñándose de un patrimonio que pertenece a toda la sociedad.
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