El tono electoral se apodera del Congreso
sesión de control
La sesión de control al gobierno ha sido víctima de las circunstancias prelectorales y de la crispación que vive la política española.
Ha habido bronca y hasta ofensas.
Un diputado onubense manda "al médico" a Errejón que preguntaba por la salud mental de los españoles.
Esta puede haber sido la última sesión de Pablo Iglesias.
Egea y el aún vicepresidente se enzarzan por la moción de censura de Murcia.
Han pasado tantas cosas en solo una semana en la política española que su digestión por el control del Congreso ha sido muy pesada y ha acabado como en los peores tiempos, en bronca, con durísimas acusaciones, desprecios y hasta ofensas a voz en grito, porque el mitin ya es imparable y no tiene remedio.
Los michirones murcianos cocinados justo hace siete días por el PSOE y Ciudadanos para acabar mediante una moción de censura con el gobierno de Fernando López Miras han mutado en un cocidito madrileño cuyo último y definitivo vuelco se servirá el próximo 4 de mayo, día de las elecciones autonómicas anticipadas por Isabel Díaz Ayuso.
Y por si fuera poco, el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, comparecía esta mañana en la sesión de control, tal vez por última vez, tras su sorpresiva salida del Gobierno para contribuir precisamente a animar el menú desde su candidatura a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.
Así que las miradas estaban puestas en el todavía vicepresidente segundo -camisa roja sangre y corbata negra para la ocasión, mascarilla azul clara- y en el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez -traje azul oscuro, corbata granate y mascarilla blanca-, en espera de los pormenores de su convivencia en el banco azul.
Poca ha sido la empatía entre ambos en los primeros momentos, mientras la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, embozada en blanco, permanecía sentada entre ambos, pero como la cosa se ha ido animando al final han cruzado palabras, e incluso aplausos en algún lance.
Al otro lado del hemiciclo, hoy desdibujada como el recuerdo de una pesadilla que no acaba, la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, ha pasado desapercibida tras una semana que, sobre todo para ella, ha sido trágica, la más trágica desde que preside el clan naranja.
Y en los escaños de la izquierda, Íñigo Errejón, de Más País, que tras declinar concurrir a los comicios de Madrid junto a su antiguo socio y amigo se ha llevado de rebote el mayor protagonismo del pleno, y no por lo que ha dicho sino porque un diputado del PP le ha soltado un "íVete al médico!" tras preguntar a Sánchez por la salud mental de los españoles con la pandemia.
Aplausos de buena parte del hemiciclo a Errejón, solidaridad del propio presidente y de los ministros y arrepentimiento vía Twitter, que arrepentidos quieren las redes sociales, del diputado Carmelo Romero, por su exabrupto en una jornada que da para bromas.
Con tantos cocineros se han ido guisando los ingredientes de la sesión, con el líder del PP, Pablo Casado, lanzado sin tapujos a promover la candidatura de Isabel Díaz Ayuso: "España es mucho más que todos ustedes y, por eso, el 4 de mayo ganará en Madrid la libertad", ha dicho al presidente.
Le ha amonestado Sánchez por su deriva mitinera casi cariñosamente -"¡Ay, señor Casado, estamos en campaña y aquí el mitin de todos los miércoles!"- pero también le ha replicado sin piedad al acusarle de ser "la peor versión" del PP, presa del transfuguismo, la corrupción y la ultraderecha. Que Murcia duele.
Una faena que después ha rematado con gran aplomo, subido ya al autobús de campaña por los pueblos de Madrid, su aún vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, ante otro envite del diputado murciano y secretario general del PP, Teodoro García Egea, en su caso defensor sin complejos de su papel para esquivar la moción de Murcia.
"Lo que usted (mirando a Sánchez) llama transfuguismo ¿sabe cómo lo llama toda España? Dignidad". Aplausos a rabiar de los del PP. La respuesta de Iglesias ha sido demoledora, al acusarle, nada más y nada menos, que de comprar a los diputados de Cs que renunciaron a la moción de censura en Murcia. "¿Cómo ha conseguido la pasta? ¿La ha puesto usted o se la ha dado algún constructor?", le ha espetado.
Esta vez le ovaciona la izquierda, aunque no así Sánchez, y se intuye una sonrisa tras la mascarilla de Carmen Calvo, que al final le dedica un amago de aplauso.
Cuando sí le aplauden ambos es en su segunda réplica a Egea, el cual le advierte de que el 5 de mayo "solo le va a quedar sentarse a rodear la Asamblea de Madrid"; Iglesias le contesta levantando progesivamente la voz, como en los mejores tiempos de Vistalegre.
Le reprocha pertenecer a un partido "corrupto" que "no llega ni a la suela de los zapatos a los comunistas españoles" y de defender un proyecto junto a "sus socios de ultraderecha" que, al contrario de lo que promulga Díaz Ayuso, consiste en "destruir la libertad".
Así se ha consumado el "Iglexit", como ha bautizado su salida del Gobierno la portavoz del PP, Cuca Gamarra, que ha calificado de "chapuza" la moción de Murcia ante Carmen Calvo, quien también le ha reprobado que convirtiera la Cámara en un mitin.
Un ambiente político recalentado que deja caduca aquella reflexión que no ha mucho hacía Pedro Sánchez cuando animaba a renovar los órganos constitucionales porque se abría un largo período sin convocatorias electorales. A ver quién se atreve ahora.