El papa afea a Europa desde Canarias que mire hacia otro lado ante la inmigración
Visita de León XIV
"No se puede hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios sin lápidas", ha dicho León XIV en el muelle de Arguineguín, donde ha realizado una ofrenda floral en memoria de los migrantes muertos en aguas del Atlántico.
La tercera y última etapa de la visita oficial del papa a España ha comenzado este jueves en Canarias con una agenda cargada de simbolismo y centrada en el drama de la migración. León XIV ha lanzado al mar una corona de flores en recuerdo de los migrantes muertos en la travesía del Atlántico. Ha sido en el muelle de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria, punto habitual de llegada de muchas embarcaciones y destino truncado para quienes pierden la vida en el camino.
Allí, el pontífice ha mantenido un encuentro con más de un millar de inmigrantes de África y América Latina y con representantes de las principales instituciones y organizaciones sociales que trabajan en los servicios de rescate, acogida e integración. El papa ha escuchado el duro testimonio de algunas de las cerca de dos mil personas presentes y ha lanzado un rotundo mensaje a los gobiernos europeos y a la comunidad internacional. "No se puede hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios sin lápidas", ha dicho.
En una durísima alocución, el papa ha esperado que la voz de los dramáticos testimonios que este jueves hablaron en el puerto llegue "a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas". "No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?".
León XIV ha exhortado a las naciones de origen a crear "condiciones de paz, justicia y desarrollo" y a los países de tránsito les ha llamado "a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales". Y ha lanzado un llamamiento a toda la comunidad internacional para que se active "una cooperación eficaz y perseverante". Pero también ha enviado un mensaje a la Iglesia, a la que ha subrayado que "la acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios". "No podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras", ha resaltado.
La indignación de León XIV han resonado a solo 24 horas de que entre en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, que consagra el principio de retención en frontera y permite a los estados liberarse de acoger la cuota de refugiados que les corresponde para ayudar a los países receptores si abonan 20.000 euros por persona. El pontífice también ha subrayado que "la dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra".
Aunque ha puntualizado que "si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños". "No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera", ha clamado desde el muelle.
El papa se ha despedido con una advertencia : "Aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros".
Por su parte, el obispo de Canarias, el sevillano José Mazuelos, ha dicho que la visita del papa es un recordatorio de que nadie es invisible. El prelado ha defendido desde el muelle de Arguineguín que "la dignidad humana es anterior a cualquier legislación, y la vulnerabilidad no disminuye la dignidad, sino que exige mayor protección. Esta perspectiva humanizadora permite a la Iglesia ofrecer una mirada ética que prioriza a la persona sobre cualquier interés", ha indicado durante sus palabras de bienvenida al papa. El obispo de Canarias ha asegurado que la presencia del pontífice en Arguineguín "no es un gesto más, es una luz" y "un recordatorio de que nadie es invisible, de que cada vida cuenta, y de que la indiferencia no puede ser nunca la respuesta".
El papa ha recordado a los creyentes que, como sucesor de Pedro, luce el anillo del pescador. Y ha subrayado que su mandato evangélico de salvar a los hombres de las aguas adquiere "un sentido literal en lugares como este o como El Hierro". "El sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles, no puede desentenderse de estas aguas", ni los discípulos de Jesús pueden ignorar "a quienes gritan desde la noche", ha asegurado.
2.760 inmigrantes han perdido la vida en la llamada Ruta Canaria de los cayucos desde 2014, cuando Naciones Unidas comenzó a llevar la cuenta de las vidas que se cobra en el Atlántico. Es solo una estimación de mínimos, reconocen sus responsables, pues no incluye cientos de naufragios en los que no quedó nadie para contarlo. En realidad, colectivos que trabajan muy cerca de los migrantes en sus rutas hacia Europa multiplican esta cifra por diez. Desde 2019, la organización española Caminando Fronteras ha documentado 26.466 muertes y desapariciones en embarcaciones precarias a Canarias, las últimas 635 solo en lo que va de año, como acaba de publicar.
Con su visita a Canarias, León XIV cumple el deseo de su antecesor, el papa Francisco, que no pudo viajar a las islas para conocer de cerca la realidad de los migrantes.