Estados Unidos elige: Trump o Biden

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Joe Biden saca siete puntos de ventaja a Donald Trump en las últimas encuestas a nivel nacional, realizadas este martes. Pero en los últimos comicios ganó Trump cuando las encuestas le daban por derrotado.

El número mágico de delegados para llegar a la Casa Blanca es 270.

Trump se ha pasado gran parte de su campaña socavando la confianza en el sistema electoral y sembrando dudas sobre la limpieza del voto por correo

Trump o Biden
CANAL SUR MEDIA
03 nov 2020 - 00:00

Estados Unidos elige al nuevo líder del mundo. El aspirante demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, aventaja al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que se presenta a la reelección, en 7,2 puntos de cara a los comicios de este martes, según el promedio de sondeos de RealClearPolitics. De acuerdo a esos datos, Biden va por delante con una media de 2,3 puntos en los estados clave de Florida, Carolina del Norte, Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Arizona.

Biden, demócrata, 77 años. Trump, republicano 74. Los dos candidatos con más edad de la historia de Estados Unidos. Ahí se acaban sus coincidencias.

Nada que ver en sus formas de afrontar el reto más importante, la dificultad más grave para cualquier mandatario: el coronavirus. Trump insiste en que todo está controlado (pase lo que pase y suban como suban las cifras de contagios y muertes), así que no toma medidas. Biden se plantea la obligatoriedad de las mascarillas en público y efectuar pruebas a los ciudadanos, comprometiéndose a contratar, dice, hasta a 100.000 rastreadores. También, se supone, que de llegar a presidente intentará retomar la política sanitaria de Obama que Trump ha anulado.

Luego está la inmigración. Frente a las políticas del presidente Trump (el muro con México, el acoso a los jóvenes indocumentados o la separación de hijos de sus padres en la frontera), el candidato republicano ha adelantado que quiere regularizar a 11 millones de indocumentados y proteger a los niños migrantes de unas medidas que califica de "crueles y sin sentido".

La economía se plantea igual de difícil para ambos: tienen que reducir la tasa de desempleo, ahora en un 8 por ciento pero en aumento por el coronavirus y recuperar el Producto Interiro Bruto que ha bajado 4 puntos en 2020. Dice Biden que quiere revuperar la unión en su país, y, también, acuerdos inetrnacionales que Trump no comparte como la pertenencia a la Organización Mundial de la Salud, los acuerdos medioambientales o las medidas conjuntas contra la carrera nuclear de Irán. Trump y Biden, sus políticas nos afectan a todos, su elección al mundo.

LA IMPORTANCIA DE LOS COLEGIOS ELECTORALES.

Más allá de los estados, en los comicios en EE.UU. lo que realmente cuenta es el Colegio Electoral, un órgano integrado por 538 delegados que eligen los estados en función de su población. El candidato ganador en cada estado, aunque sea por un solo voto, se lleva todos sus compromisarios. El número mágico de delegados para llegar a la Casa Blanca es 270. RealClearPolitics apunta que Biden lograría 216 delegados, frente a 125 de Trump y habría 197 en juego todavía.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha pasado gran parte de su campaña socavando la confianza en el sistema electoral y sembrando dudas sobre la limpieza del voto por correo, lo que suscita dudas de que, después de esta noche, acepte una posible derrota ante su rival demócrata, Joe Biden.

Trump incluso ha insistido en que sólo podría perder estos comicios por un fraude electoral, haciendo sonar las alarmas entre los expertos constitucionalistas sobre la posibilidad de que el escrutinio abra una crisis peor a la protagonizada en el año 2000 por George W. Bush y Al Gore por el recuento de votos en Florida.Preguntado en septiembre si, en caso de perder, se comprometía a una transferencia pacífica del poder, se negó a hacerlo.

"Vamos a tener que ver qué pasa (...) No habrá transferencia, francamente, habrá una continuación. Las papeletas están fuera de control", dijo en referencia al voto por correo, cuya legitimidad ha puesto en duda repetidamente pese a que es un sistema totalmente instaurado en el país.

Un día después, en una iniciativa inusual, el Senado aprobó por unanimidad una resolución que reafirmaba su compromiso con que "no haya interrupciones por parte del presidente ni de ninguna persona en el poder para anular la voluntad del pueblo estadounidense".

"El ganador de las elecciones del 3 de noviembre será investido el 20 de enero. Habrá una transición ordenada, tal como la ha habido cada cuatro años desde 1792", tuiteó entonces el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell.

"EL EJÉRCITO LO ESCOLTARÁ FUERA DE LA CASA BLANCA"

Y la solución de Biden cuando fue preguntado sobre el tema en junio pasado fue más simple: "Estoy absolutamente convencido de que (el Ejército) lo escoltará fuera de la Casa Blanca ipso facto". Sin embargo, el desenlace de las elecciones puede no ser tan sencillo como eso, y no depende tanto del hecho de que Trump, en caso de perder, admita la victoria de Biden, sino más bien de su proverbial ejército de abogados.

"Lo que realmente importará serán los desafíos legales a los resultados oficiales (que plantee Trump), que pueden ser tantos que podrían prolongar la incertidumbre sobre el resultado de las elecciones", dijo a Efe Judith Kelley, decana y profesora de la escuela Sanford de Políticas Públicas de la Universidad de Duke.

La ley no exige a Trump dar un discurso en el que acepte la derrota, explicó, pero las batallas legales podrían derivarse en una crisis constitucional si llegan a influir "en las decisiones de los gobernadores sobre a quién enviar al colegio electoral". "Y si, en última instancia, puede haber decisiones contradictorias a nivel estatal entre gobernadores y legisladores estatales sobre qué resultados enviar al Congreso", agregó.

El complicado sistema electoral estadounidense, en el que los votantes no eligen al presidente, sino a los compromisarios de un Colegio Electoral de 538 delegados, que son los que a la postre votan por el presidente, abre multitud de interrogantes.

Tras las elecciones, las autoridades estatales tienen hasta el 8 de diciembre para resolver cualquier controversia que pueda surgir sobre la elección de sus compromisarios del Colegio Electoral, y el 14 de diciembre sus miembros se reúnen en sus estados y votan formalmente al presidente, una votación que ha de avalar el nuevo Congreso el 6 de enero.

Gana el candidato que obtenga la mayoría de los 538 votos electorales existentes, es decir, al menos 270.

PEOR QUE EN EL 2000

En relación a la crisis que en el año 2000 mantuvo durante mes y medio al país sin saber el ganador de la elección entre George W. Bush y Al Gore, por lo ajustado del resultado y problemas con las máquinas de votación, hasta que el demócrata se declaró derrotado, Kelley sugiere que la situación ahora se presenta peor.

"El Tribunal Supremo no está ahora ni más ni menos preparado que en 2000 (...) Sin embargo, este año es probable que tengamos batallas legales en muchos más estados, y no sOlo en uno", aseguró.

A ello se suma la incorporación por parte de Trump de la jueza conservadora Amy Coney Barrett al Supremo el pasado 27 de octubre, prácticamente con las elecciones encima.

"El hecho de que un juez recién nombrado por el titular (de la Presidencia) pueda fallar en estos casos bien puede ser visto por muchos como un problema", declaró la experta.

Kelley consideró que el sistema democrático, en general, es ahora más débil que en 2000 por la influencia extranjera en las elecciones de 2016, porque Trump fue objeto de un juicio político y porque "muchas normas democráticas se han degradado en los últimos cuatro años", durante su Presidencia.

En declaraciones a los periodistas entre mitin y mitin electoral el pasado domingo, Trump volvió a poner en entredicho el sistema del voto por correo, sin aportar pruebas del fraude generalizado que viene denunciando, y en concreto puso en duda la honestidad en los estados gobernados por demócratas, algo sin precedentes en EE.UU.

"Tan pronto como terminen las elecciones, iremos con nuestros abogados", amenazó Trump.

De toda elección tiene que salir un ganador y un perdedor así que lo mismo cabe esperar de las elecciones de este 3 de noviembre en Estados Unidos. Sin embargo, el camino hasta llegar a conocer quién será el inquilino de la Casa Blanca en los cuatro siguientes años, Donald Trump o Joe Biden, podría ser mucho más accidentado en esta ocasión.

Aunque a priori solo cabe esperar dos posibles escenarios una vez que se cierren las urnas, una victoria del actual presidente o la elección del candidato demócrata, lo cierto es que en estas presidenciales se dan todos los ingredientes para que la consecución de uno de estos dos resultados se prolongue en el tiempo o incluso para que emerja una tercera vía.

Si se cumplen los pronósticos y lo que vaticinan los sondeos, Biden debería ser quien se lleve el gato al agua. El escenario más fácil sería que el demócrata obtuviera los 270 compromisarios del Colegio Electoral que necesita rápidamente, sin necesidad de que se conocieran los resultados de todos los estados, en particular aquellos que están más reñidos, los llamados 'swing states'.

En una circunstancia de este tipo, a Trump no le quedaría a priori otra opción que reconocer su derrota y llamar a Biden para felicitarle, como han hecho durante la historia del país todos los perdedores antes de que el vencedor pregonara públicamente su victoria. Sin embargo, el carácter del actual mandatario hace temer que lo que debería ser un gesto automático en su caso no llegue con la rapidez esperada.

Su admisión de derrota podría tardar aún más en llegar si, como se teme, el resultado en algunos estados clave se demora o no es tan claro como cabría esperar. A ello va a contribuir en estas elecciones a buen seguro el elevado número de votantes por correo y anticipados que ha habido. Casi 100 millones han votado por adelantado, un dato que representa el 72,3 por ciento de los que votaron en 2016.

EL FACTOR DEL VOTO POR CORREO Y ADELANTADO

En general, se da por hecho que buena parte de los millones de estadounidenses que ya han depositado su voto han apoyado a Biden. El problema de estos millones de votos radica en el hecho de que en muchos estados no se puede iniciar su escrutinio hasta la misma jornada electoral y en otros el voto por correo se admite hasta varios días después del 3 de noviembre.

Así pues, cabe la posibilidad de que aunque en algunos estados en las primeras horas el color que se muestre sea el rojo de los republicanos, se produzca un cambio al azul de los demócratas a medida que empiecen a computarse los votos por correo y por adelantado.

Igualmente, el resultado podría demorarse algunos días, lo cual, en caso de que ninguno de los dos candidatos haya obtenido ya la mayoría necesaria en el Colegio Electoral, dejaría en un limbo el resultado final. "La elección debería terminar el 3 de noviembre, no semanas después", escribía hace unos días en su Twitter Trump.

Precisamente, la posibilidad de resultados ajustados en algunos estados, como ocurrió en 2000 en Florida, y las declaraciones de Trump poniendo en tela de juicio el voto por correo y planteando un posible fraude, hacen temer que el republicano emprenda una batalla legal para impugnar el resultado que arrojen las urnas que se prolongue durante semanas o incluso meses.

En este caso, el problema radica en que la Constitución estadounidense estipula claramente que el mandato del presidente arranca el 20 de enero. Pero para que esto sea posible, hay que cumplir con una serie de pasos previos. Según la legislación, los estados tienen que haber dirimido cualquier eventual controversia o problema con el resultado antes del 8 de diciembre ya que el Colegio Electoral se reunirá el 14 de diciembre --en realidad lo hacen los compromisarios en cada estado-- para emitir su voto.

En las elecciones de 2000, no se agotó el plazo y el Tribunal Supremo dio la victoria a George W. Bush por 537 votos sobre Al Gore en Florida y con ello la mayoría en el Colegio Electoral antes de la fecha prevista. Pero, ¿qué ocurriría si aún hubiera algún litigio pendiente en algún estado?

DOBLE VOTO POR UN ESTADO PARA EL COLEGIO ELECTORAL

Ya en el pasado, se han dado casos en los que un estado ha enviado dos votos diferentes para que sean contados en la sesión conjunta del Congreso el 6 de enero. En general, esto sucede cuando el legislativo estatal está dominado por un partido y el gobernador pertenece al otro. Para evitar esta dicotomía, existe una ley que prevé que si la Cámara de Representantes y el Senado no se pueden poner de acuerdo respecto a qué voto es el legítimo, entonces el que prevalecerá será el remitido por el gobernador.

Así pues, de producirse una situación como la descrita y haber emitido todos los votos los distintos estados, el 6 de enero se procedería al recuento de los mismos, con el anuncio oficial del ganador por parte del vicepresidente, Mike Pence, en su calidad de presidente del Senado.

Pero aunque la legislación estadounidense parezca tener en cuenta todos los posibles escenarios, no cuenta con una variable impredecible: Trump. Conocida la trayectoria del presidente, han sido varias las voces que han advertido de la probabilidad de que el mandatario no acepte públicamente su derrota y se niegue a pasar el testigo a Biden, sumiendo a Estados Unidos en territorio intransitado.

El propio Trump se ha mostrado esquivo cuando le han preguntado sobre si reconocerá el resultado. De hecho, en su intervención ante la Convención Republicana a finales de agosto dijo: "La única manera en la que nos pueden arrebatar estas elecciones a nosotros es si son fraudulentas". POSIBILIDAD DE VIOLENCIA POLITICA

Del comportamiento que tenga el presidente a partir de la noche electoral, del mensaje que lance a sus seguidores, también dependerá que se materialice o no otro peligro que planea sobre Estados Unidos en estas elecciones: la probabilidad real de un estallido de violencia política.

En estos cuatro años, Trump ha contribuido a golpe de tuits, de sus críticas a la prensa y de mensajes incendiarios, a sembrar una polarización que algunos expertos sostienen que el país no había vivido desde los años 1960, en plena reivindicación de los derechos civiles.

A la pandemia, con sus consiguientes restricciones y algunas protestas por quienes ponen en tela de juicio la peligrosidad del "virus chino" como lo ha bautizado Trump, se han sumado multitudinarias manifestaciones en todo el país en torno al movimiento Black Lives Matter. Esto ha ofrecido unas condiciones óptimas para que numerosos movimientos y grupos de extrema-derecha, e incluso milicias armadas, cobren empuje, alentados en ocasiones por el propio presidente.

Así pues, tras la invitación de Trump a "vigilar" la jornada electoral y dado que la tenencia de armas está permitida en muchos estados en los colegios electorales, se teme que pueda haber casos de intimidación a los votantes. Pero el principal miedo es que, de no estar claro el resultado o no reconocer Trump su derrota, algunos de estos grupos puedan echarse a las calles y desatar la violencia, algo nunca visto en la historia del país.

Pero también cabe otro escenario posible: la reelección de Trump. El magnate reconvertido en político ya dio la campanada en 2016 contra todo pronóstico y arrebató una victoria que la demócrata Hillary Clinton ya prácticamente acariciaba con los dedos.

Entonces, los sondeos daban a la antigua secretaria de Estado menos ventaja de la que dispone ahora Biden, si bien cabe recordar que terminó ganando el voto popular y si Trump es presidente fue porque logró la cifra mágica de los 270 votos en el Colegio Electoral.

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