LA VOZ DE VIGORRA
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El control de temperatura hay que regularlo

Jesús Vigorra da su particular punto de vista sobre los temas de actualidad en La mañana de Andalucía.

JESUS VIGORRA 26 May 2020

A la hora de ser complaciente con el público, o con la empresa, o con el Estado hay que tener cuidado de hasta dónde se baja uno los pantalones, porque pudiera suceder que luego no hubiera manera de volver a ponerlos en su sitio. Esta explicación de Carlos Saura a quienes le pedían que hiciera películitas más comerciales, puede trasladarse a otras situaciones como, por ejemplo, esta obsesión por el control que nos ha traído el estado de alarma y derivados.

He oído que algunos ayuntamientos están contemplando la idea de poner a la entrada termómetros de fiebre para controlar a todo quisque. Y hablan de hacer lo propio las empresas de los aeropuertos, y también se lo están planteando para consultas, discotecas, tiendas y restaurantes. O sea, y sabiendo lo peliculeros que somos, acabaremos con un detector de calentura hasta cuando vayamos al chino. ¿Nos pueden controlar la temperatura en el trabajo y en los espacios públicos? Solo en los lugares de trabajo, en prevención de riesgos laborales, y siempre que el control y medición lo realice alguien especializado; no el portero, ni el de seguridad ni el ordenanza. De eso nada.

Medir si alguien tiene fiebre para impedirle la entrada a un lugar público debe estar permitido por una legislación específica, y no es el caso en España. Es más, la Agencia de Protección de Datos sostiene que la toma de temperatura constituye un tratamiento de datos personales, muy confidenciales como son los relativos a la salud, con una injerencia particularmente acentuada en los derechos de las personas, pues puede generar situaciones de estigmatización en los mirones que presencian el chequeo. Las autoridades sanitarias de España tampoco han dicho nada a este respecto.

Así es que olvídense de inventos y den respeto, dignidad y valor a su negocio con el buen servicio a sus clientes y no colocándoles una pistola de control en la sien. La pandemia no tiene que ser una excusa para debilitar los derechos fundamentales. Claro que todo dependerá de hasta donde estemos dispuestos a bajarnos los pantalones.

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