Rafa Vega nos cuenta en exclusiva "la cobertura más difícil de su historia"

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Rafa Vega Mascarilla
22 ago 2020 - 00:00

Era lunes. No llevábamos ni 24 horas en Düsseldorf. Casi las 10 de la noche, y tirados en una especie de polígono industrial junto al campo de entrenamiento donde iba a entrenar el Sevilla las próximas 2 semanas.

RAFA_VEGA_TAPA
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Sevilla celebracion
Sevilla celebracion

Acabábamos de terminar el 2º directo de los muchos que vendrían después. Cansados del ajetreo del día, sin habernos repuestos del viaje de la noche anterior y con ganas de asentarnos en el hotel, esperábamos a que algún taxi nos recogiera. El único que pasó no aceptó que le pagáramos con tarjeta y tuvimos que seguir esperando.

Sí, estas cosas también ocurren en la tan ejemplar Alemania. Por más que intentaba explicarle en inglés a la chica de la centralita, ella tampoco conseguía entenderme. Y sí, estas cosas también ocurren en este país. Ni tan modélicos ni tan preparados. Igual es momento de que dejemos de subestimarnos. O de sobrevalorarlos. Las cosas no empezaban bien…

Casi 2 semanas después puedo decir que ha sido la cobertura más difícil que he hecho. La maldita pandemia ha complicado situaciones que antes eran mucho más sencillas. Como, por ejemplo, desplazarnos con el equipo a todas partes. Del aeropuerto al hotel, del hotel al entrenamiento, del entrenamiento otra vez al hotel… Las estrictas (y necesarias) medidas impuestas por la UEFA para evitar el contacto con todas las personas ajenas a la expedición nos han obligado a tener que hacer nuestro particular interrail por tierras germanas.

Durante estos 12 días hemos cogido avión, tren, taxi, coche, metro y hasta barco para seguir al Sevilla en la consecución de su sexta Europa League. Al lógico desgaste que provoca un trabajo así se ha unido tener que mirar mapas, estudiar planos, atender al GPS e, incluso, aprender alemán.

Tampoco hemos tenido acceso a jugadores, cuerpo técnico y directiva, con lo cual nuestras fuentes de información se quedaban demasiado limitadas para hacer nuestro trabajo. Este viaje se estaba convirtiendo en ese puerto USB con el que nunca consigues encajar a la primera.

Sin embargo, ante todas estas dificultades emergía el privilegio de estar cubriendo algo único: la fase final de una competición europea a puerta cerrada. Sin aficionados y sin apenas periodistas en los estadios, sólo unos pocos hemos podido vivirlo. No sólo éramos enviados especiales, sino también “envidiados” especiales. Porque muchos compañeros, amigos y aficionados hubieran deseado estar aquí.

Eso, además, aumentaba la responsabilidad que teníamos como transmisores de lo que estaba pasando en Düsseldorf, Duisburgo y finalmente en Colonia. Cada día, cuando Pepe encendía la cámara para los directos, sentía la obligación de tener que contarlo mejor que nunca. Por todos los andaluces que estaban en casa y sintonizaban Canal Sur para saber lo que estaba pasando.

Como digo, no ha sido fácil. Igual que el resto de la temporada. La más difícil de cuantas recuerdo. Pero volvemos con la satisfacción del deber cumplido. Y con el orgullo de que un equipo andaluz haya vuelto a estar en lo más alto. Con la que está cayendo, transmitir la felicidad que esto genera es impagable. Están siendo tiempos raros pero anoche, por unos segundos, justo después de que el Sevilla levantara la Copa, cerré los ojos, respiré profundamente y cogí fuerzas para todo lo que tenga que venir. Ha merecido la pena.

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