Es forense en Málaga y allí sitúa la segunda entrega de su trilogía que ha presentado en Gente de Andalucía.
La escritora usa su experiencia para cargar de detalles sus thrillers.
La médico forense del Instituto de Medicina Legal de Málaga Inés Doménech ha presentado en Gente de Andalucía su última novela, "Cicatrices en el hielo", un thriller de novela negra protagonizado por la forense Carlota Suárez, en el que combina su experiencia profesional con la ficción para abordar temas como la violencia, la trata de personas o el impacto emocional de la muerte.
La obra arranca con una escena que refleja el realismo que caracteriza su escritura: una autopsia en la que los médicos analizan el cadáver de una joven hallada en una maleta. “Es un thriller protagonizado por una médico forense que regresa a Málaga y se enfrenta a una investigación que comienza con un suicidio sospechoso y el hallazgo de dos cuerpos”, explica la autora, que sitúa la trama en el mundo de la prostitución y la explotación.
Doménech reconoce que su trabajo ha sido clave para construir el personaje y las tramas: “Tiene mucho de mi experiencia personal como médico forense”. Aunque insiste en que se trata de ficción, admite que el conocimiento directo de la muerte aporta una perspectiva distinta y más realista.
En ese sentido, subraya una de las claves menos conocidas de su profesión: “El forense no solamente determina si ha sido un arma de fuego o un estrangulamiento, también tiene que reconstruir los últimos momentos de la víctima”. Un proceso que implica, según detalla, comprender el sufrimiento previo: “Tienes que ver si se defendió, qué posición tenía, qué ocurrió exactamente para que la justicia pueda reconstruir lo sucedido”.
Ese contacto constante con el dolor humano fue, precisamente, lo que la llevó a escribir. “Para mí escribir es una liberación, una necesidad de plasmar todo lo que he vivido”, afirma. En su día a día, no solo trata con fallecidos, sino también con víctimas de violencia: “Vemos niños maltratados, mujeres abusadas… todo eso lo he intentado transmitir sin caer en el morbo”.
La autora defiende una narrativa que entretenga pero que también visibilice realidades ocultas: “Quiero contar cosas que existen, aunque muchas veces no se vean”. Por eso, en sus novelas busca un equilibrio entre el rigor y la accesibilidad, especialmente para los lectores de novela negra: “Quiero que vean una ficción congruente con la realidad”.
También aprovecha para desmontar algunos mitos del cine y la televisión: “Las series y las películas no ayudan mucho. El trabajo del forense está mal reflejado y las muertes tampoco son como se muestran”. En España, añade, el papel del forense tiene particularidades que rara vez aparecen en la ficción.
A nivel personal, Doménech explica que ha aprendido a convivir con la dureza de su profesión gracias a distintos apoyos: “Tener familia, escribir, vivir en el campo o cuidar un huerto me ayuda a mantener el equilibrio”. Aun así, reconoce la dificultad de enfrentarse diariamente al lado más oscuro del ser humano: “El médico clínico se enfrenta a la enfermedad; el forense, al mal que una persona puede hacer a otra”.
Lejos del estereotipo de profesional frío, reivindica una visión más humana: “Nos tenemos que distanciar, pero también lo vivimos y lo sufrimos”. De hecho, uno de sus objetivos al crear a Carlota Suárez fue precisamente mostrar a “una profesional normal, con una vida normal, que afronta situaciones duras sin recurrir a clichés”.
Cicatrices en el hielo es la segunda entrega de una trilogía iniciada con "Muerte nupcial" y continuará con una tercera novela aún pendiente de publicación. En todas ellas, Doménech prioriza el “por qué” frente al “quién” en la resolución de los crímenes: “Quiero que el lector entienda por qué ocurre todo, ir dejándole pistas para que lo descubra”.
Más allá de la ficción, la autora lanza también un mensaje social claro: “No hacen falta grandes heroínas, sino personas comprometidas que, si conocen un caso de violencia o abuso, ayuden a salir de esa situación”. Una implicación colectiva que considera clave para combatir problemas que, todavía hoy, siguen siendo invisibles.
Para Doménech, la literatura se ha convertido en una herramienta de catarsis, pero también de concienciación. “Hay cosas que he visto que no puedo ni contarlas, son demasiado duras”, reconoce. Por eso, insiste en que, aunque la ficción pueda parecer extrema, en muchas ocasiones “la realidad supera a la ficción”.