La libertad y la vida que te da un trasplante
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Jerusalén nació con unos riñones pequeños, que dejaron de funcionar bien y ello le llevó a estar ocho horas diarias 'enchufada' a una máquina de diálisis. Gracias a una donación, a un trasplante, hoy es maestra y tiene una vida que no tenía.
A veces olvidamos la importancia de la salud. Y cuando nos falta, le damos todo su valor. Es el caso de Jerusalén González: un fallo renal le llevó a necesitar un trasplante. Y eso, le salvó la vida.
Jerusalén nació con unos riñones pequeños, que dejaron de funcionar bien y le llevó a estar muchas horas del día 'enchufada' a una máquina de diálisis. Gracias a una donación, a un trasplante, hoy es maestra y tiene una vida que no tenía.
"Los problemas empezaron en el instituto y luego siguieron en la carrera. Me detectaron una insuficiencia renal y tenía que ir a diálisis 8 horas diarias. Es muy difícil hacer una carrera con diálisis", ha recordado.
No obstante, acabó su carrera y hoy es maestra gracias a "recibir un regalo de alguien que dijo sí a la donación". Esa solidaridad infinita le ha "cambiado la vida" porque ahora puede "hacer deporte, viajar y no estar enganchada a una máquina".
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