Un ingeniero jiennense patenta 12 inventos relacionados con el olivar
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Un ingeniero industrial de Castillo de Locubín está revolucionando la industria del olivar y del aceite, con patentes relacionadas con la producción de alimentos, cremas cosméticas o material para la industria.
Un ingeniero industrial de Castillo de Locubín, en Jaén, está revolucionando la industria del olivar y del aceite. Tiene 12 patentes relacionadas con la producción de alimentos, cremas cosméticas o material para la industria.
Aceite en polvo, aceitunas sin hueso, pastas, cremas de aceite contra el colesterol y la obesidad infantil o paneles para la construcción. Sus productos se comercializan por Alemania, Holanda, Italia, Reino Unido o Japón.
Es un hombre del renacimiento. Ingeniero industrial, emigrante retornado y una persona adelantada a su tiempo. Investiga, fabrica y comercializa productos obtenidos de la hoja del olivo, del hueso o de la semilla de la aceituna.
Tiene registradas doce patentes, todas ellas relacionadas con co-productos del olivar, como así los llama. Aquí, un aceite de oliva en polvo para los macarrones, por ejemplo.
Con la colaboración de distintas universidades, ha obtenido productos como una crema de aceite que combate la obesidad infantil, mermeladas dulces sin azúcar, harina que se exporta para la fabricación de pan o pastas y cremas con efectos antiinflamatorias y lesiones en la piel.
Recorre un interminable laberinto de cinco mil metros cuadrados de fábrica y máquinas inventadas, rectificadas o perfeccionadas por él no solo para producir alimentos (que llegan a países del este asiático y norte de Europa) también para fabricar material para la industria como pinturas antioxidantes.
Diez años lleva dando más posibilidades al olivar. La Covid, el Brexit, el encarecimiento del transporte internacional le han hecho mella. Pero ahí sigue caminando y creando valor al olivo, al árbol del que nunca se ha despegado.