Mañana emocionante en El Rocío donde la multitudinaria misa de romeros da paso al ambiente en las casas de hermandad.
Los fieles viven con tensión contenida las horas que quedan hasta el salto de la reja.
El obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, ha llamado este domingo a los rocieros a "custodiar la unidad que Dios nos regala" y "no alimentar divisiones inútiles, enfrentamientos permanentes ni sospechas constantes" en "una cultura que habla de solidaridad y de unidad, pero que a menudo produce fragmentación".
Lo ha dicho durante la celebración de la Misa Pontifical de Pentecostés, que este año se ha vuelto a celebrar, como ya ocurriera el año pasado, en el Paseo Marismeño, en el que se ha montado el altar efímero con los simpecados de las distintas hermandades.
La eucaristía, que sido cantada por el coro de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío de Penitencia de la Hermandad de la Redención, ha sido seguida por cientos de romeros y visitantes que se han acercado hasta este punto de la aldea en esta mañana.
Gómez Sierra, durante la homilía, ha pedido a los rocieros tres compromisos o promesas: el primero esa "custodia de la unidad", al entender que eso "responde a una necesidad apremiante para nuestro tiempo".
"Se nos dice que estaremos unidos por la tecnología, por los mercados, por las ideologías, por las emociones compartidas por las redes sociales o por el entretenimiento global. Y sin embargo, con frecuencia estamos marcados por la soledad, por la división y por la incapacidad de escucharnos", ha señalado.
Por eso, ha dicho, "nuestro mundo tiene necesidad de una unidad que no destruya las diferencias que nos dignifican, sino que las armonice. En la aspiración por una comunión que no sea uniformidad".
El segundo compromiso que ha pedido a los rocieros es "volver a la fuente de la unidad que es Dios, más oración, más eucaristía, más sacramento de la penitencia, más escucha de la palabra de Dios".
Y ello, porque "ninguna estrategia humana que pretenda la unidad y la solidaridad en el mundo sustituye la conversión personal del corazón, bajo la acción del Espíritu Santo".
Y el tercero, "llevar el espíritu del Rocío a la vida cotidiana. Que esta peregrinación no se reduzca a la hermosa emoción de unos días".
"Nuestra sociedad necesita cristianos capaces de crear comunión en las familias, en los pueblos, en los trabajos, en las parroquias, en una convivencia tantas veces deteriorada. Y cuando volvamos a nuestra vida cotidiana, el Espíritu Santo siga ardiendo en nosotros como fuego que ilumina, purifica y une", ha concluido.
Al final de la homilía, las 127 hermandades filiales han renovado su compromiso con la Blanca Paloma, pasando los presidentes y hermanos mayores ante un libro con la leyenda "creemos en todos y cada uno de los dogmas adorables de nuestra sacrosanta religión, católica, apostólica y romana, única verdadera, y estamos dispuestos a derramar por ella hasta la última gota de nuestra sangre si fuese necesario".