Israel Galván abre este viernes el programa oficial de la Bienal con "Arena"
SEVILLA
Israel Galván abre este viernes el programa oficial de la Bienal en la Plaza de la Maestranza con una visión renovada del “Arena”. Ya se pudo disfrutar de este espectáculo en la Bienal de 2004 en el Teatro de la Maestranza, y en esta gran ocasión se traslada, con los grandes retos que ello conlleva para la Compañía, a uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad, como es la Plaza de Toros de la Real Maestranza. Este jueves se inauguró el certamen más importante del mundo con una multitudinaria fiesta en Triana.
Sevilla se convierte desde este jueves en el gran escenario del flamenco mundial. Comienza la Bienal, que en su vigésima edición quiere expandirse por cada rincón de la ciudad incorporando nuevos espacios, más cercanos a la calle y a los barrios.
"Como un juego, la vida es...", canta José Valencia; "agarramos la vida", dice José Galán cerrando el puño en el aire, abriendo cuatro minutos de coreografía ante gente anónima, bailaores en potencia, sevillanos de a pie, flamencos con o sin pedigrí, que este jueves han bailado juntos para abrir la Bienal, la nueva Bienal.
No es casualidad que sea una coreografía de José Galán la que haya abierto el mayor espectáculo de flamenco del mundo, ni tampoco es baladí decir que los que le rodeaban junto al Monumento a la Tolerancia pegado al Guadalquivir no respondían al típico patrón del flamenco/a, con ese tipo de deportista de élite que mezcla de gimnasta y bailarina rusa.
Junto a él, por decenas, estaban amas de casa, oficinistas, personas en sillas de ruedas, invidentes, gente con síndrome de Down, flamencos de cuerpo, arte o espíritu, que al final es lo mismo, que han bailado al unísono durante cuatro minutos la composición creada por el propio Galán y Pedro María Peña y José Galán, siguiendo las voces de José Valencia y María Terremoto, el toque de Pedro María Peña, las secuencias de Mangu Díaz y la percusión de Tete Peña.
Todos los improvisados bailaores podrán decir a sus nietos, o a sus hijos, vaya, que un año abrieron la Bienal, gracias a que este camero, que abría el baile con camisa roja y lunares blancos -más flamenco ya no se puede ser-, agarrando el aire, decidió dedicar su vida a que el arte no sea propiedad de nadie, y que se pueda bailar sin poder mover las piernas o sin poder ver a tu acompañante, porque el flamenco, al final, es arte, y el arte como concepto no tiene dueño ni marca propia.