Uso de Cookies

LA VOZ DE VIGORRA

El injustificado miedo al coronavirus

JESUS VIGORRA 14 February 2020

Dice el refrán que de algo hay que morir, pero la realidad es que aquí no quiere morirse ni el apuntador, a no ser que vaya empaquetado con la orla del derecho a morir dignamente, la eutanasia, o el cansancio de vivir, como piden en Holanda. O sea, quitar o quitarse de enmedio, rápida y asépticamente, cuando la situación venga mal dada. No sufrir, no llorar, no molestar y que sea un tercero el que nos deje la vía expedita para seguir disfrutando de la parte mollar de la vida. Pero resulta que por mucha protección de la que pretendamos recubrirnos, la naturaleza es incontrolable y la estupidez no tiene límites.

El fin del mundo no vendrá por un meteorito, como el que acabó con los dinosaurios, ni por la invasión de los extraterrestres, que hasta la presente solo se han manifestado en el cine. Las grandes desgracias cuando de verdad ocurren no tienen nada de la espectacularidad de las películas de desastres; lo vemos cuando la televisión transmite imágenes de accidentes, derrumbe de edificios, explosiones, tiroteos en supermercados o un atentado como el de sala Bataclán de París. Todo es borroso, sucio, feo, triste, sin rastro de heroicidad.

Es lo que está ocurriendo ahora con el miedo al coronavirus que hemos convertido en el monstruo de las siete cabezas que viene a terminar con todo y con todos, como en La Guerra de los Mundos de Wells. Porque la bacteria del miedo es mil veces más peligrosa que el virus de una enfermedad respiratoria con un dos por ciento de mortalidad, según datos de la OMS. El miedo (o tal vez otros intereses, según Carmen Calvo) ha obligado a suspender en Barcelona el Congreso mundial del móvil mientras las autoridades sanitarias insisten en que no hay motivo para sacar las cosas de quicio sin que haya registrado ni un contaminado en la península ibérica. Este exceso de celo por ser inmortales no traerá la felicidad, porque esta, como el amor, es incompatible con el miedo.

ES NOTICIA