El PSOE y el PP se unieron hoy en el Congreso de los Diputados para rechazar la devolución al Gobierno del proyecto de ley para reformar el Código Penal, que habían solicitado ERC-IU-ICV, PNV y BNG, a los que se unió también Na-Bai. No obstante, en el primer debate en la Cámara Baja del texto del Ejecutivo, todos los grupos mostraron su voluntad de acuerdo para modificar una normativa penal vigente desde 1995, que todos reconocieron como "ineficaz".
El PSOE y el PP se unieron hoy en el Congreso de los Diputados para rechazar la devolución al Gobierno del proyecto de ley para reformar el Código Penal, que habían solicitado ERC-IU-ICV, PNV y BNG, a los que se unió también Na-Bai. No obstante, en el primer debate en la Cámara Baja del texto del Ejecutivo, todos los grupos mostraron su voluntad de acuerdo para modificar una normativa penal vigente desde 1995, que todos reconocieron como "ineficaz".
Antes de que los portavoces defendieran sus enmiendas de totalidad, el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, tomó la palabra explicar que con las reformas propuestas, el Gobierno pretende "dar respuesta a cambios habidos en la sociedad".
En su opinión, se había hecho "imprescindible colmar lagunas, perfeccionar algunos tipos penales" y establecer figuras nuevas que facilitasen la lucha contra determinados delitos. Todo ello adoptando una nueva filosofía que sitúa a la víctima en el centro, como "una variable a tener presente en el diseño de la elaboración de leyes más equilibradas y justas".
"Si la sociedad cambia, el Código Penal ha de acompañar reflexivamente estos cambios, con prudencia y con la distancia necesaria", afirmó el ministro, para después hacer hincapié en que las normas penales "no pueden hacerse con el corazón, sino con la razón", para que puedan ser "expresión ponderada y conjunta de la dignidad de todos".
Además, celebró la "acogida razonable" que el proyecto del Gobierno ha tenido entre los grupos y se dirigió a aquellos que han apoyado su tramitación. Del PP, elogió que dé "continuidad al espíritu de acuerdo en materia de Justicia"; de CiU, que mantenga "un diálogo muy fructífero"; a CC le agradeció sus "planteamientos constructivos" y a Na-Bai (que finalmente apoyó las enmiendas a la totalidad), UPyD y UPN, su "disposición al diálogo".
Caamaño se mostró convencido de que su iniciativa se verá "enriquecida" con las aportaciones de los grupos parlamentarios y garantizó la disposición del Gobierno al diálogo, al que quiso sumar también a los grupos que han presentado un rechazo total inicial al texto.
El primer diputado en defender su 'no' al texto del Ejecutivo fue Francisco Jorquera, por el BNG, quien rechazó la "filosofía general" del proyecto, aunque reconoció que no discute que algunas reformas planteadas contienen "aspectos positivos".
En concreto, el diputado gallego criticó que se introduzcan algunas reformas bajo "el paraguas de la mutabilidad social", cuando en realidad se están abordando "sin reflexión suficiente" y "al calor de acontecimientos que provocan conmoción social".
Clases sociales
Como ejemplo, se refirió a libertad vigilada y el "endurecimiento de la represión de numerosos delitos", algo que, en su opinión, viene a consolidar una tendencia en nuestro Código Penal. Mientras tanto, denunció que se da un "tratamiento benigno" a otros delitos económicos, urbanísticos, medioambientales o contra la Administración, algo que, a su juicio, demuestra que "en materia penal también hay clases".
Por su parte, el portavoz de Justicia del PNV, Emilio Olabarría, denunció que con esta reforma el Gobierno pretende "introducir de tapadillo la cadena perpetua". En su opinión, es "más honesto" lo que hace el PP, al proponer la prisión permanente revisable, que lo que hace el Gobierno, sin "llamar a las cosas por su nombre".