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50 años del primer tour del "caníbal"
Manuel Ladrón de Guevara

"Vota al Partido Comunista"

22 August 2019

Manuel Ladrón de Guevara


Una historia de 
Manuel Ladrón de Guevara

 

 

El boxeo es hambre. El ciclismo, dolor. En un reportaje que le hicimos para Canal Sur, el maestro recién desaparecido Manuel Alcántara nos contaba la anécdota. Una vez le preguntaron al campeón del mundo de los pesos pesados Jack Dempsey qué hacía falta para ser un gran campeón, a lo que contestó: “Hambre”. A una pregunta parecida Miguel Induráin respondía: “He llegado muy lejos en el dolor”. Porque la diferencia entre un buen ciclista y un gran campeón está, entre otras cosas, en el sufrimiento que sea capaz de soportar. Y no se trata del dolor de piernas, sino de otro más profundo, que alancea el ánimo cuando por delante se tienen las enormes distancias y las cuestas atroces de las grandes carreras. El Tour subió por primera vez a los Pirineos en 1910. No había carreteras, ni apenas caminos. Solo nieve y muchos osos. A los ciclistas se les recomendaba “cuidado con los osos”. El primer ciclista que coronó el Aubisque fue Octave Lapize, ganador de la ronda francesa en aquella edición. Al llegar a la cima tiró al suelo la bicicleta, buscó a uno de los organizadores y le gritó: “¡¡¡Asesinos!!!”. Lapize murió como un héroe durante la Primera Guerra Mundial. 

Me aficioné a los libros, la radio y los deportes siendo todavía muy joven. Me recuerdo niño en una aldea perdida del sur profundo, con mis amigos Antonio y Andrés –donde andarán- comiéndonos las uñas las tardes del domingo junto a un aparato de radio en el que Juan de Toro anunciaba Sidra el Gaitero la mejor del mundo entero; imaginando las galopadas de Enrique Lora por la banda del Ramón Sánchez Pizjuán, dibujadas en el aire por el gran Paco García Montes, Juan Tribuna, a quien interrumpía el inevitable penalti en la Condomina, o la expulsión del odiado Geñupi en El Sardinero. Aclaro que lo único que tuve contra el bravo defensa vallisoletano del Racing es que siempre me salía repetido en las estampitas. Quise ser Enrique Lora, pero las rodillas y la falta de talento me lo vedaron. Me dediqué entonces a ser Juan Triubuna, y todavía sigo aprendiendo.

En aquel tiempo mítico y remoto, al fútbol en España le disputaban su trono el boxeo y el ciclismo. Aguardábamos con fervor los combates de Carrasco, Legrá, Velázquez o Perico Fernández, y leíamos las crónicas magistrales de Fernando Vadillo en As y Manuel Alcántara en Marca. ¡Qué manera de escribir!. 

Yo iba siempre, naturalmente, en todos los deportes, con los españoles. Con una excepción. En en Tour, en el Giro, en al Vuelta, mi gran héroe era Eddy Merckx. Ganó cinco veces el Tour -de la primera hace ahora justo 50 años- otras tantas el Giro de Italia y una la Vuelta. Como a todos los grandes campeones a Merckx lo hizo más grande todavía un rival portentoso. Como  Bartali a Coppi, Poulidor a Anquetil o Lemond a Hinault, a Eddy Merckx lo agigantó aún más  Luis Ocaña. Sus duelos en el Tour fueron grandiosos. Los ganó todos el belga, aunque Ocaña debió vencer en el del 71, resuelto desdichadamente para él en la bajada del Portet d’Aspet con una brutal caída que lo mandó al hospital cuando le sacaba más de siete minutos a Merckx. Aquel día el belga lloró y se negó a vestir él maillot amarillo. Cuando un periodista le preguntó “Bueno Eddy, el Tour está ganado”, el respondió de manera memorable “No, el Tour está perdido”. Porque Eddy Merckx corría para ganar carreras, no para derrotar a sus rivales, como él mismo declaró.

A Eddy Merckx lo llamaban “el Caníbal”, porque era insaciable. Quería ganarlo todo. Peleaba hasta por las metas volantes, una clasificación ideada para los modestos. Cuentan que una vez, en una etapa del Giro, marchaba a la cabeza del pelotón. Al pasar por un pueblo, al final de una calle, había colgada una pancarta. Merckx esprintó en busca de los puntos, pero cuando pasó por debajo pudo leer "VOTA AL PARTIDO COMUNISTA".

Este Tour es un homenaje a aquel campeón descomunal. Dicen que el mejor ciclista de la historia. Opiniones al margen, para quien esto escribe, lo es. Porque él me aficionó al ciclismo. 

 

 

 

 

 

 

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