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FÚTBOL ES FÚTBOL

Ronaldo Nazario camino de Santiago

22/01/2019

Manuel Ladrón de Guevara


Una historia de 
Manuel Ladrón de Guevara

 

 

"Las victorias quedan en los libros,

pero la forma de conseguirlas quedan en la cabeza de la gente"

(ARRIGO SACCCHI)

 

Muchas veces se lo pregunté, en todas me contestó con su educación característica, pero pese a nuestra amistad y a sus buenas maneras siempre supe que no le hacía ninguna gracia la pregunta. Pero a qué portero se la hace que le recuerden los goles que le marcaron.

El 12 octubre de 1996, Fernando Peralta tenía tenía 35 años y defendía la portería de la SD Compostela. Había  llegado allí después de jugar en el Málaga, en el Sevilla y en el Castellón. Aquella noche el Compos de Caneda y Fernando Vázquez recibía en el Multiusos de San Lázaro al Barça. Era el Barça post Cruyff, dirigido por Bobby Robson, un entrenador tan grande como grande era la persona.

Robson había sido seleccionador inglés en el Mundial de México. Le tocó soportar desde el banquillo el mejor gol de la historia de los mundiales de fútbol. Aquel día ya dio muestras de su grandeza: cuando le preguntaron por el primer tanto argentino, el de “la mano de dios”, contestó: “sí, el primero fue con la mano, pero el segundo valió por dos”. Enorme Sir Robson. Esta vez le ocurrió algo parecido aunque no le tocó padecerlo, sino disfrutarlo. Todavía lo recuerdo con las manos en la cabeza.

El partido lo televisamos en Canal Sur un sábado por la noche. Recuerdo que el programa lo conducía mi compañeros Antonio Bustos, y que en la narración me acompañaron Antonio Martin Navarrete y Gabi Calderón. En el minuto 36, con 0-2 en el marcador, se produjo uno de esos momentos mágicos que hacen del fútbol un deporte especial: Ronaldo recibió un balón de Popescu en su propio campo, y en un eslalon de vértigo dejó atrás de manera sucesiva a William, Bellido, Passi, Fabiano, Jose Ramón , Mauro y a Chiba. Fueron diez segundos desenfrenados que a Fernando Peralta le parecieron diez siglos. Intuía que estaba a punto de pasar a la historia del fútbol. A ese lado de la historia que tan poco les gusta a los deportistas, el de los perdedores.

Le gasté después en los viajes que hicimos juntos muchas bromas a mi amigo Fernando a costa de aquel gol. Siempre lo encajó bien, porque es un buen tipo. Pero gracia, no le hacía ninguna. Cómo se la iba a hacer a él que siempre fue un ganador. Sus compañeros de la SD Compostela denunciaron a una marca deportiva que comercializó aquel gol. Fernando no lo hizo. Probablemente porque comprendió, a pesar de su íntimo bochorno, que es inútil luchar contra la memoria. Porque los goles y el fútbol, como sentenció de manera memorable Arrigo Sacchi, quedan en los libros, en las estadísticas. Pero la forma de conseguirlos se queda para siempre en la memoria de la gente.

 

 

 

 

 

 

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