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vida y muerte de un héroe de nacional

Por la sangre de Abdón

 

02/08/2019

Manuel Ladrón de Guevara


Una historia de 
Manuel Ladrón de Guevara

 

 

 

En 1918 la gripe española mató a 40 millones de personas; en la URSS se fundaba el Ejército Rojo, que también mataría mucho; el zar de todas las Rusias, Nicolás II, era sacrificado junto a toda su familia en el ara del proletariado universal; en noviembre Alemania se rendía a los aliados; y el 5 de marzo, Abdón Porte se pegaba un tiro en el corazón en el Estadio Gran Parque Central, la cancha del Club Nacional de Montevideo.

Una vez le escuché a Jorge Valdano una sentencia ejemplar: “Uruguay es un país tan amante del fútbol que en lugar de aduanas debería tener porterías”, vino a decir. A principios del siglo XX la República Oriental del Uruguay tenía apenas dos millones de habitantes. Allí, como en todo el mundo, el fútbol llegó con los ingleses. O, para ser rigurosos, con los escoceses. Una suerte, porque la escuela escocesa se diferenciaba de la inglesa en su afición por el juego de toque y en su aversión por el pelotazo. Aquella manera de entender el nuevo deporte cayó como agua de mayo en una tierra fértil y propicia. Tanto, que en solo dos décadas Uruguay maravilló al mundo conquistando dos JJOO, los de 1924 y 1928. Fueron las dos primeras estrellas de su camiseta celeste.

Pero retrocedamos un poco en el tiempo. El fútbol fue en principio cosa de británicos, por eso muchos clubes nacieron, y algunos aún lo conservan, con nombre inglés. Al poco se irían sumando las élites locales. No se admitían negros ni pobres. Tanto es así que en las primeras convocatorias de Brasil no había ni un solo jugador negro. Fue precisamente Uruguay la primera selección sudamericana en alinear jugadores negros. En la Copa América de 1916, tras caer contra los charrúas por 4-0, Chile exigió la anulación del partido, porque Uruguay había alineado a “dos africanos”.

Nacional nacía el último año del s. XIX, con el nombre de Club Nacional de Football. Abierto a la burguesía criolla, en el equipo no había sitio para trabajadores ni obreros. Esto cambió en 1911. En una tumultuosa asamblea, la mayoría decidió abrir las puertas a todos los buenos jugadores, sea cual fuere su procedencia. Justo entonces se incorporó al equipo “El Indio” Abdón Porte.

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Tipo bragado, con mando en plaza, Abdón empezó jugando de lateral, transitó por el centro de la defensa para acabar como centrocampista, capitán y líder del equipo. Fue internacional. Ganó con Uruguay la Copa América de 1917. Pero en 1918 Nacional fichó a Alfredo Zibechi, y los dirigentes le comunicaron a Abdón su nueva situación: sería suplente. Y ser suplente en una época en la que no había cambios, era con seria.

El 4 de marzo de 1918 Nacional se enfrentó y venció al Charley, en un partido del campeonato local. Abdón fue titular. Tras el choque, como era costumbre en aquellos días, jugadores y directivos lo celebraron juntos en una cena. Abdón se marchó pronto. Se subió a un tranvía que lo dejó junto al Parque Central. Entró el el estadio vacío, se dirigió al centro mismo de la cancha, sacó un revólver y se pegó un tiro en el pecho. Su cadáver fue descubierto a la mañana siguiente. En el bolsillo, dos notas. En la primera rogaba atención para su madre anciana; en la segunda, unos versos conmovedores e inolvidables:

Nacional, aunque en polvo convertido
y en polvo siempre amante
no olvidaré un instante
lo mucho que te he querido

Adiós para siempre

Tenía solo 25 años y su boda había sido anunciada para un mes más tarde. Pero no pudo soportar la vida sin el fútbol. Tanta pasión, sería reconocida por los hinchas de Nacional, que un siglo después siguen desplegando en el Gran Parque Central, un estadio que tiene una tribuna con su nombre, una pancarta que reza: “Por la sangre de Abdón”. Sangre y polvo enamorados para los que no hubo ni suplencia ni olvido.

 

 

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