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LA VOZ DE VIGORRA

Pedro Sánchez y sus reivindicaciones en Davos

JESUS VIGORRA 23 January 2020

Aunque ustedes no sepan situar la ciudad de Davos en el mapa, lo quieran o no, todavía les quedan días y horas de información sobre lo que allí se cuece. Davos es una pequeña localidad de poco más de once mil habitantes, en la Suiza oriental, lindando con Alemania e Italia, mundialmente conocida porque allí, desde hace 50 años, se reúnen los principales líderes empresariales, así como dirigentes políticos internacionales, periodistas e intelectuales selectos, para analizar los problemas más apremiantes del mundo. Tal es su significación que este rincón suizo se conoce por el Foro de Davos y su elitista estación de esquí.

Pues bien, allí ha llegado el presidente español -el primero que habla inglés en público de corrido, con soltura y sin titubeos- para contar las bondades de su flamante gobierno y su visión del mundo. Digan lo que digan, ahora mismo, no hay otro político en este país tan arrogante, de tal audacia y osadía para predicar a los más ricos del reparto de la riqueza y, a la vez, contentar a sus socios de gobierno, lanzándose a luchar contra los nacionalismos y los populismos de derechas, claro. Sánchez en Davos, ante los ricos del planeta, ha hablado de justicia fiscal, o sea, subida de impuestos, y ha anunciado una reducción del déficit público y de la deuda, ha prometido equilibrar los presupuestos, propiciar el crecimiento económico, subir las pensiones y el sueldo de los funcionarios y contentar a los agentes económicos. ¿Hay quién dé más?

Los economistas se echan las manos a cabeza, los empresarios a la cartera y los pobres seguirán siendo pobres pues las subidas en principio, a pensionistas y funcionarios que cobran, no son hoy los españoles que estén en riesgo de descarrilar económicamente. Los parados y los jóvenes son otra cosa. ¿Quién piensa en ellos? Desde luego, con tan ambicioso plan de gobierno a diez años, asentado sobre un Parlamento en equilibrio, solo cabe decir que si le sale bien, que los españoles se lo premien y, si no, que se lo demanden. Tiempo al tiempo.

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