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JJOO BARCELONA 92

La última carrera de Derek Redmond

30/08/2019

Manuel Ladrón de Guevara


Una historia de 
Manuel Ladrón de Guevara

Escribió Borges que debería inventarse un deporte en el que no ganara nadie. Esta no es la historia de un ganador. Su protagonista no ganó una medalla, pero consiguió la ovación más unánime, emocionada y emocionante que se ha escuchado jamás en un recinto deportivo.

3 de agosto de 1992. JJOO de Barcelona. Se disputan las semifinales de los 400 metros lisos. Un trámite para el gran favorito para el oro, el plusmarquista británico DEREK REDMOND. REDMOND tenía 26 años, y una carrera marcada por la desgracia. Se perdió los JJ de SEUL por una lesión en el tendón de aquiles, del que había sido operado en cinco ocasiones. Ésta era su gran oportunidad. Pero a 175 metros de la meta, el joven corredor cae fulminado sobre el tartán barcelonés. Se ha roto. Las asistencias tratan de ayudarle, pero surge entonces la veta indómita de que están hechos los verdaderos campeones. Los aparta y empieza a cojear sobre la pista hacia la meta. Quiere terminar la carrera. Su padre, que asiste a la carrera desde la grada, se zafa como puede de la seguridad, y llega hasta su hijo: “vámonos, hijo, no tienes que demostrar nada”. ”Tengo que terminar esto, papá, no he llegado hasta aquí para retirarme, contesta. “Entonces, terminémoslo juntos”. Y juntos cruzaron la meta. Las 65.000 personas que llenaban el Estadio Olímpico de Monjuit, puestas de pie, se rindieron ante este gesto de auténtico campeón.

Fue la última carrera de DERED REDMOND, que tuvo que dejar el atletismo a causa de aquella lesión. Y que demostró aquella remota tarde de agosto en Barcelona que contra la común creencia, la historia no siempre la escriben los vencedores.

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