Uso de Cookies

X
Estamos modificando nuestra Web | Disculpen las molestias
"Hasta Novgorod. Crónica de un viaje"

Un nuevo testimonio humaniza la peripecia de la División Azul

Teodoro Recuero fue huérfano, jornalero, comunista, falangista, legionario, estuvo cerca de morir de hambre varias veces, combatió en la Guerra Civil y se enroló en la División Azul, un destino que humanizó con su testimonio, ahora rescatado por su nieto en un libro titulado "Hasta Novgorod. Crónica de un viaje".

14/01/2018

                                                     Recuero con sus compañeros de la División Azul

El nieto de Teodoro Recuero es Ángel Fernández, fundador y gerente de la revista "Jot Down" y quien ha tenido la idea de rescatar las memorias que su abuelo, carente de cualquier formación académica, dejó escritas en su vejez, también sobre las penurias de su infancia y juventud, del torbellino político que vivió en los años treinta y de cómo, para sobrevivir, se alistó en la División Azul.

Teodoro Recuero, que murió hace ahora diez años, cuando había cumplido los 93, intervino en alguno de los combates más duros de la Segunda Guerra Mundial, como cuenta en el capítulo titulado "Nitlikino", un lugar "donde las pasaron canutas", según ha dicho a Efe Ángel Fernández, todavía sorprendido por el elevado número de ejemplares vendidos de las memorias de su abuelo.

La actividad de Fernández al frente de "Jot Down" fue la que le hizo pensar en publicar estas memorias, que hasta entonces habían conservado en la familia en forma de cuadernillo, unas páginas que han sido revisadas y pulidas por Teresa Galarza y el propio Fernández.

De hecho estas memorias se han vendido conjuntamente con el monográfico de la revista dedicado a la guerra, que ha abarcado desde la antigüedad a conflictos que aún no han concluido.

Recuero, que nació en Serradilla (Cáceres) en 1914, se ganó la vida, una vez que volvió del frente del Este, como cobrador de autobuses de la empresa municipal de Madrid, y fueron sus hijos y sus nietos los que le compraron una máquina de escribir eléctrica en la que pudiera teclear sin demasiado esfuerzo, ya que el reuma le persiguió desde su aventura en Rusia y le dejó los dedos torcidos.

Fernández ha recordado cómo de niño, con siete años, ya escuchaba la historias del abuelo: "Aquello era emocionante, parecían aventuras más que guerra de verdad; contaba cómo los rusos tenían buen trato con los españoles y guardaron buen recuerdo de ellos; la gente iba a la División Azul porque no tenían donde caerse muertos, en algunos casos no tuvo nada que ver con el anticomunismo".

Curiosamente, Recuero trató de entrar varias veces en el Ejército y fue rechazado por no dar la talla, lo que no impidió su ingreso en la Legión, que logró tras su pasó por la Falange.

"La parte teórica de Falange le cautivó porque daba valor al trabajo", ha señalado Fernández sobre su abuelo, de quien ha dicho que se desengañó del comunismo porque "se dio cuenta de que era todo mentira", pese a haber carecido de los más básico en tiempos de la República, cuando los grandes propietarios preferían "no cultivar el campo para que pasaran hambre".

Fernández se ha ido interesando por este capítulo histórico abriendo las páginas de "Jot Down" a artículos sobre la División Azul y en primavera tiene previsto viajar a Rusia para entrevistarse con Boris Kovalev, catedrático de Historia de la Universidad de Novgorod que ha publicado varios estudios sobre la presencia española en Rusia.

"Aunque cuando volvieron de Rusia eran como apestados, como sucedió con los combatientes de Vietnam, él siempre estuvo orgulloso y mantuvo una relación de afecto con todos sus compañeros fuesen soldados o generales", según Fernández, quien ha asegurado que varios generales del ejército se cartearon con su abuelo e incluso le ayudaron con algún dato en la redacción de sus memorias.

A diferencia de otros testimonios de divisionarios, que Fernández considera "algo farragosos", los de su abuelo "fluyen como algo natural", como un testimonio oral, como lo que él escuchaba con siete años de aquel abuelo que llevaba tatuajes legionarios y le contaba cómo se asalta un búnker con la bayoneta calada a treinta grados bajo cero