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excavando en el sur de egipto

Trabajando en Asuán con la Universidad de Jaén: el sueño de ser egiptólogo

La joven Desirée Pérez observaba las pirámides en las decenas de libros que fue acumulando desde pequeña con el deseo de ser algún día egiptóloga, un duro camino que se ha hecho realidad gracias a una misión española en Asuán.

Mientras que la mayoría de sus amigos y compañeros de infancia soñaban con ser astronautas o inventores, Desirée fantaseaba con la Egiptología cuando jugaba a dibujar su futuro en un papel.

Ahora, esta madrileña de 22 años ha pasado de la fantasía a delinear en una hoja milimetrada la cerámica encontrada en las tumbas de la excavación arqueológica de Qubbet el Hawa, en el sur de Egipto, donde un proyecto de la Universidad de Jaén lleva diez años trabajando.

"Cuando empecé a estudiar la carrera de Historia, empecé a conocer a gente que se dedica a la arqueología y realmente muy poca tiene la oportunidad de ir a Egipto. Lo veía muy difícil, muy lejano. Pero no quería rendirme", asegura a Efe la ceramóloga desde el yacimiento en Asuán.

Es su último día en el proyecto, en el que participa por primera vez. Después de terminar el turno a las 14.00 hora local, los ojos vidriosos de Desirée resaltan en cada foto que se toma con el equipo español desde las áridas arenas de la colina.

"El mundo de la egiptología y la arqueología es muy difícil, tanto profesionalmente como económicamente. Es complicado vivir de ello, por lo que es bonito ver que todos los egiptólogos que estamos aquí somos felices porque hacemos lo que nos gusta", afirma.

Durante un mes ha convivido con el equipo multidisciplinar liderado por el egiptólogo Alejandro Jiménez, que le ha dado por primera vez esta oportunidad para participar en la misión, la mayor extranjera en cuanto a número de investigadores en Egipto.

La ceramóloga da los últimos retoques al dibujo de una pieza, antes de recoger los bártulos para partir a España, donde seguirá investigando las vasijas, entre otros materiales, a través de esos delineados, pues las autoridades egipcias prohíben que los arqueólogos saquen del yacimiento las piezas para su estudio.

Atrás deja un intenso trabajo en la colina de Qubbet el Hawa, que comienza a las 7.00 hora local, y una intensa convivencia con el resto de componentes de la misión, que comparten una casa de cuatro pisos situada enfrente del entramado urbanístico de Asuán, en un lugar de calles sin asfaltar.

Cuenta cómo ha llegado hasta allí, en la terraza de la vivienda, donde cada dos días se celebra una reunión para explicar lo que cada equipo está realizando en los cuatro frentes que tienen abiertos en el yacimiento.

A su lado la joven Ana Díaz, graduada en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid, también relata las dificultades de hacer realidad el sueño de convertirse en egiptólogo.

No ha sido un camino fácil para ella el llegar hasta esta zona recóndita de Egipto, donde le han deparado muchos obstáculos que no imaginaba cuando era niña y ya albergaba el sueño de convertirse en egiptóloga.

"Cuando eres pequeña e inocente piensas que las cosas van a ir rodadas, pero es muy difícil y haber podido estar aquí en Qubbet el Hawa ha sido un sueño, y estoy muy agradecida. La egiptología no la aprendes hasta que no estás aquí", arguye la joven, de 23 años, que ha estudiado un máster de Arqueología en la University College London, en Reino Unido.

Para el arqueólogo jienense Alejandro Jiménez, los aprendices de la Egiptología tienen que seguir una serie de pautas que él aconseja para que continúen por la senda profesional: "Tener buena nota media, los idiomas e intentarlo".

Eso último es en lo que hace hincapié Ana: "Tuve la suerte de salir fuera, donde conoces a un montón de gente. Tienes que echarte hacia adelante, es decir, tirarte a la piscina. Es tu sueño y tienes que luchar por él. Vas a por todas".

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